domingo, 4 de mayo de 2008

Tratar de hablar y acariciar con miradas

El muchacho era joven y se veía tan hombre. Esa tarde la ciudad no combinaba con su ropa que no combinaba entre ella, tampoco. Yo estaba igual; era yo mismo con todos los cambios que he acumulado; yo iba sentado casi atrás del bus y el pasillo de enmedio se empezaba a llenar de gente (peatones dentro de un bus). Entraba él en el bus y su cabello lo acompañaba acompañado de su corte de cabello. Su ropa iba con él y también iba el esmalte negro en sus uñas. Se abrió camino con su cuerpo entre los cuerpos de las gentes y así llegó un poco cerca de donde yo iba sentado. Vi las costuras de una bolsa de sus jeans, vi el tejido de la camisa blanca que llevaba bajo la camisa negra de estampados abierta, vi sus zapatos negros, vi su pelo negro y el rímel bajo sus ojos. Al rato se desocupó un asiento y se sentó. Yo lo vi sentarse, vi que iba sentado y que volteaba a ver para atrás y no me veía. Al rato se bajó y pensé bajarme. Una belleza así se tiene que apreciar el máximo tiempo posible (sería lo más sensato). Se bajó. Busqué su espalda con mi mirada y sólo encontré la calle. Se bajó frente a un auditorio y yo seguí mi camino. Llegué frente a la casa, no entré y saqué mi teléfono para preguntarle a mi amiga si sabía de un evento en el auditorio.

- ¿Aló?
-Laura, ¿qué ondas? ¿Estás metida en la compu?
-No ¿por qué?
- Es que mirá: ¿sabés si hoy va a haber algo en FEPADE? Sólo quería que me vieras en Internet si va a haber algo.
-Mmm... perame. -Dirigiéndose a alguien que usaba la computadora- Dame chance un ratito. -Volviendo a mi- Y ¿me vas a llamar en un ratito?
-Eh... sí.
-Va.
-¡Va!

Caminé. Caminé una cuadra arriba de la casa y luego de regreso para que el tiempo se apresurara por mis pasos.

-¿Ajá?
-¿Viste?
-Fijate que... no sale nada para hoy. Sólo sale el V Salón de Dibujo... Jorge Restrepo "Lunas Negras" en La Pinacoteca... no sale nada para hoy.
-Aaah va... Bueno, ¡gracias, vos!
-Va pues.
-Salú.
-¡Cuidate, vago!
-Vos también.

Regreso en el camino. Mejor abordo un bus en dirección contraria y lo busco. Me bajé frente al auditorio recordando que antes lo había visto, me había fijado en su belleza pero ese día estaba más bello. Ese día su pantalón se ceñía con fuerza a sus piernas. En la entrada del estacionamiento, pregunto a los vigilantes cuál es el evento que hay, "los bateriyistas"-contestan-; ya voy entrando al lobby, ya estoy a punto de entrar a la sala cuando unas mujeres me preguntan si estoy en la lista de reservaciones; les contesto que no sabía que había que hacer eso y, al parecer, no les importó, me dejaron entrar igual. Era un festival de bateristas, un evento del cual no había escuchado nada; un evento donde no debería estar. ¿Qué exactamente hacía yo ahí en ese momento? ¿Y si no estaba ahí? ¿Y si estaba ahí qué pasaría? ¿Qué con que esté ahí? ¿Le hablaría? ¿Qué le diría? "Hola, te vi en el bus, me gustaste, llegué frente a la casa y me regresé para buscarte". Yo no tenía que estar ahí. Ese momento no era para mí. Y de repente, comienza a subir desde las butacas de abajo, él hacia mí; se detiene cincuenta centímetros frente a mi sin verme y alguien de la fila a mi derecha lo llama; él se sienta con ese señor y ahora yo se que está ahí, a menos de seis metros de mi. Lo veo, lo veo mucho y no lo dejo de ver hasta que siente mi mirada. Me ve y aparto inmediatamente mi mirada. Y así seguimos los dos jugando a verse y no verse, hasta que la música del escenario me hipnotiza y me quedo ido viendo cómo se mueve el baterista y cómo vibran los sonidos graves hasta donde yo estoy. Luego lo vuelvo a ver otra vez y es él el que me está viendo fijo. Me estremezco al ver un brillo en sus ojos en medio de la oscuridad. La oscuridad de su pelo enmarca ese brillo en sus ojos. A las ocho y diez se levanta se su butaca, tiene que pasar frente a mí y lo hace; me ve fijamente a los ojos cuando pasa más cerca. Se queda parado unos pasos atrás de mi viendo el show y viendo que yo lo volteo a ver. A los cincuenta y ocho segundos camina a la puerta para salir (la puerta donde entré) y al poner su mano para abrirla, me voltea a ver y se queda unos cortos segundos viéndome (Yo siento que me está invitando a seguirlo. Yo creo que me dice que sabe que lo he estado viendo y que lo he seguido. Yo quiero que me diga que me acerque con un movimiento de su cabeza) y no resisto esa mirada y mejor veo al frente, al escenario, al baterista bañado de luces de colores.

Termina la pieza. Salgo a ver si está en el lobby. Sólo quedan las mujeres que me hablaron a la entrada y yo mejor tomo agua y trato de encontrarlo con la mirada viéndome otra vez, viéndome nada más.

Allá está, ha salido al parqueo; se va. Se está subiendo al carro con la gente con quien estaba sentado. Se va. Después de ese momento jamás regresará. Se lo han llevado y no se a dónde. Se lo llevaron. Me lo quitaron. Nunca fue mío.

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Algo que me pasó ayer: sábado 3.

3 comentarios:

Samuel dijo...

A todos nos pasa, y es lo que mas molesta... Llegar a un punto de enamorarse de esa mirada, de ese cuerpo,... y al sentir que se aleja sentirse uno mas abandonado que al principio. Me gustan tus entradas. Siempre te leo.

Anónimo dijo...

Jajajaja, Ok.... Esto me pasó pero no solo un día, me pasó en el colegio y fue en demasía.

F. Ricardo

Nadie dijo...

Samuel, ya veo que me leés desde hace ratos. Gracias.

Ricardo, sí; a mí también me ha pasado más veces que esta que conté en esta entrada... pero ahora que lo recuerdo, esta fue la última vez que me pasó :(

Saludos.