viernes, 5 de octubre de 2012

Sólo existen las personas que he besado

Tener una relación íntima es la necesidad de saber que otra persona existe, confirmarlo. Es una constante comprobación de la existencia del otro a través del contacto más íntimo. Se tiene la necesidad de verse con frecuencia; verse por verse; para verse, nada más. Se crean excusas como ir al cine o salir a comer por la simple necesidad de verse, de verse al lado del otro, de sentirle y sentir que hay otra persona que siente la necesidad de saber que nosotros existimos, que somos reales también.

Se agarran de las manos y no se sueltan. Cuesta soltarse, no se quiere. Temor.

Se besan. Alguien que no exista no podría tener boca, abrirla, dejarnos meter la lengua e intercambiar saliva, gingivitis.

Tienen sexo. Necesidad de comprobar que hay algo adentro de esa persona, tocarlo; llenarla de más cosas. Saliva. Semen. Lengua. Dildo. Bebé. Puño. Dos penes.

Las demás personas pueden no serlo si nunca las hemos besado, al menos. Nada consta. Podríamos estar imaginándolas. Al saludarlas, podría ser una rama la que estrechamos, o una manija, una cuerda, o una palanca. Las demás personas podrían fingir quienes son ante nosotros y, en realidad, ser otros y no llamarse José David o Elena y montar la farsa sólo en las reuniones sociales programadas, en los encuentros casuales —si lo fueran— y por chat.
Cuando José David dice «Bésame», ¿está pidiendo que comprueben que es real?
Cuando Elena besa sus libros, ¿se vuelve de verdad?
¿O lo hacen para distraernos y que los pensemos comprobados como personas que existen, que no hay nada que sospechar de ellos, que no hay que desconfiar?
Ese nombre y ese autógrafo alejan nuestros pensamientos de sus besos al imaginarlos satisfechos, ya besados sin estarlo, complacidos.
Para mí sólo existen las personas que he besado. De todas las demás desconfío, no las creo. Sólo existen las personas que han comprobado que existo, que me han comprobado que existo y que no estoy vacío porque me han llenado de cosas y han tocado explícitamente todo lo que tengo adentro. 

Cuando me ven, saben quién soy y son los únicos.

Cuando sus dientes de arriba tocan su labio de abajo y la pupila rodeada de color toca el borde del párpado, sé qué siente, o que algo oculta, o que tiene sueño, o que fantasea.
Los demás pueden ser cualquier cosa. Gente gritando en cafeterías. Gente iluminada de rosado en una Coaster. Baches. Obstáculos. Reductores de velocidad.

La única gente que existe es horizonte nunca al medio día;
horizonte con la luz adecuada, azul;
horizonte de octubre-noviembre
siempre tarde,
siempre amaneciendo.

2 comentarios:

La Pitahaya dijo...

"La única gente que existe es horizonte nunca al medio día;
horizonte con la luz adecuada, azul;
horizonte de octubre-noviembre
siempre tarde,
siempre amaneciendo."


Te lo robo, que hermoso!

John dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.