17 de marzo de 2010

Podría llamarse Después

Desde que te despediste
simple,
te estás yendo en la profundidad de la página amarillenta de mi libro,
cubierto de líneas negras de letras,
horizontales,
que a cada paso tuyo
se vuelven un grado más borrosas
porque es tu espalda la que enfoco
desde estas coordenadas donde me he quedado
paralizado,
incrustado en la calidez espesa del verano
con un libro en la mano
y nada en la otra
donde aún se recrea
el ritmo de tu mano
que late y lo percibo
porque tu sangre bombea,
te pinta rojo de adentro
y te vuelve rosadas las palmas;

te irriga el cerebro
y yo, en secreto,
lo beso.

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