A la prima de mi amiga —cuando yo tenía 12 años y ella, menos— la besé por presión de grupo; porque todos los que se habían reunido a ver películas sabían que yo le gustaba a ella y querían que nos hiciéramos novios. Como buen hijueputa que he sido siempre, no dudé en decir sin consideraciones que a mí no me gustaba ella. Pero a esa edad uno todavía es niño, débil y no soporta tanta presión... por lo menos yo no. Encerrados en el cuarto de la compañerita anfitriona —que aún no conocía la mestruación— nos besamos la prima de mi amiga y yo, bien sin gracia. Ella usaba zapatos que parecían de hombre y medias blancas dobladas.
Cuando iba a bachillerato tenía una amiga muy bonita y yo le gustaba a ella, incluso sabiendo que soy homosexual. Ella es (o era, no sé) polisexual, de hecho decía que un travesti sería su pareja perfecta porque tenía las cosas de las mujeres que a ella le gustaban pero era un hombre: tenía senos y pene pues.
Un día que no fuimos a clases, nos quedamos en la casa de otra compañera que pasaba sola todo el día; mientras a la anfitriona le hacían un tatuaje en una nalga, la amiga bonita me encerró en un cuarto y me abrazó, me dijo que le diera un beso. Yo le dije que no, que no me gustaban las niñas, pero no le importó y cuando acercó sus labios, aparté la cara, viendo hacia arriba, pero me comenzó a besar el cuello y, ya que estaba en esa situación, no iba a salir corriendo. La besé un tiempo considerado y me salí del cuarto. Nuestra amiga, a la que tatuaban, se enojó porque a ella le gustaba la bonita.
La amiga que pasaba sola casi todo el día se contentó. Ellas tuvieron algún tipo de relación sexual en algún momento del que no estoy seguro. Pasó tiempo e íbamos a tercer año de bachillerato. Sólo quedaba la bonita en el colegio; la otra se había cambiado. La que quedó anduvo con algunos muchachos de octavo y noveno grados y de segundo y primer años de bachillerato. Una vez estaba muy triste y me dijo que necesitaba un novio más tranquilo y con el que compartiera más. Nos hicimos novios dos semanas. En esas dos semanas no nos besamos ni nada. Todo era incómodo. Acordamos terminar, que muy raro eso de ser novios. Volvimos a ser amigos y volvimos a topar (amontonar, make out, fajarse).

La tercera vez que me besé con una mujer fue hace dos años, más o menos, en un patín (fiesta, chupe, reunión para tomar alcohol). Todos los presentes estábamos muy borrachos. Siempre pensé que era bonita... aún lo pienso. Estábamos platicando subidos en un sillón y me comenzó a besar. Detalles casi no tengo; sólo sensaciones indescriptibles: ¡tan linda la embriaguez! Yo no puse resistencia. Una boca es una boca. Su vestido rojo se sentía bien y era muy bonito. En un momento le dije "me estoy imaginando que sos hombre" y no le importó; luego me topé con su amigo, creo, ¿o fue otra noche?
En fin... no me gustan las mujeres... sexualmente.
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En referencia a una línea de Elena Salamanca que dice "Tirar besos frente al espejo. Ensayar."