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17 de octubre de 2009

Misteriosa Olga!®

Es el tercer sábado de cada octubre de cada año. Programada, a las diez de la noche, la cama de Olga Miranda se dobla hacia arriba para sentarla. Olga va despertando en los segundos que ese trayecto dura. Todas las sirvientas de la casa saben que cuando Olga se levanta no deben asomar por su cuarto. Está en camisón, sin maquillaje, arrugada y completamente calva. El cielo falso sobre su cabeza se abre y bajan dos brazos robóticos con una peluca perfectamente peinada. Se la colocan en su cabeza llena de lunares de la tercera edad, de adulta mayor. Fijan bien la peluca, le pintan la cara con maquillaje en aerosol, pulen sus uñas, la visten y la calzan: la convierten en Olga Miranda.

Es el tercer sábado de cada octubre de cada año. La sirvienta número setenta y tres sabe que es la noche en que su señora sale a una misteriosa tarea, misteriosa costumbre que se da cada año. Setenta y tres le tiene preparados en el recibidor un maletín de cuero negro, unos guantes y una capa con capucha del mismo color. Olga Miranda baja el amplia escalera colocándose sus gafas oscuras a las diez y veinte de la noche. Toma en silencio las cosas que Setenta y tres le ofrece con una mano mientras que con la otra le abre la puerta. Afuera la espera su chofer, código CH25q, quien cierra, sin hacer ruido, la puerta del carro negro de vidrios polarizados, cuando ya Olga Miranda se encuentra acomodada en el asiento, callada, misteriosa.

El chofer arranca. En unos minutos llegan a las afueras de la ciudad, están en Las Delicias, por la salida de Santa Tecla hacia Santa Ana. Han llegado, como todos los años en ese día, frente a la pequeña casa de las hermanas Chacón, las señoras que por tantos años han puesto el nombre de Las Delicias en la ruta turística del país; las de la receta de cebada única, los pastelitos de carne y de frutas, los dulces de leche de burra.

Olga baja del carro ataviada a las once de la noche, toca la puerta y las Chacón la esperan en vela. Le abren. No hablan. Sólo le entregar un libro de pasta negra y no pueden ocultar su cara de tristeza. Olga las ve con aire de superioridad y se dirige a una, a la que le dio el libro, a la más triste:

—Elvira, mujer, ya deberías estar acostumbrada. Bien sabés tú que los Chacón juraron quinientos años de servicio a mi familia. No veo por qué tanta mala cara año tras año. Estas recetas que me entregás no te las estoy robando, niña, no. Es parte del pacto que las mujeres Chacón nos den sus recetas y que las Miranda las hagamos pasar por nuestras, así mantenemos nuestra fama. ¿A quién va a querer ver la gente en la televisión cocinando? ¿a vos o a mí? Resignate, niña, el contrato no termina mañana. Todavía te quedan tus pastelitos, tus dulcitos y tu cebada. Mirá la Leo, siempre de estoica, incólume la mujer. Tú tenés que agarrar ejemplo de ella, Elvira.

Y con esas palabras las dejó. Puso el libro negro en el maletín, salió sigilosa de la pequeña casa y se metió en su carro, satisfecha de que tenía asegurado su negocio de recetas un año más, su show, su libro, el nuevo libro que preparaba, su comida congelada, sus vinagretas. Sonriente iba Olga, aferrada a su recetario negro. Al pasar rumbo a su casa, frente a la Hacienda de los Miranda, un enorme rayo se desprendió entre las nubes y los ojos se le incendiaron. Olga Miranda se sentía viva. Código CH25q temblaba de miedo en el asiento de adelante.

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Por las habladas de caca que hemos tenido los cucavergas en torno a Olga Miranda. Foto plagiada de olgamiranda.com.

9 de octubre de 2009

I Premio de Arte Contemporáneo "Nadie" (PREARCON)

Pieza # 1 - Mención honorífica
HOSTIA MESOAMERICANA
Arte objeto
Una tortilla ocupando el lugar de la hostia en el Santísimo Sacramento como fiel representación del sincretismo surgido de nuestras tradiciones y costumbres indígenas, de lo nuestro, con lo impuesto por el yugo español. La tortilla: la verdadera hostia: transgredida por el cristianismo impuesto. La tortilla: nuestro verdadero centro de vida, no así el cuerpo y la sangre, sino el maíz.


Pieza # 2 - 2do lugar
OWN IDENTITY
Performance
Los ejecutantes (un hombre y una mujer) bailan El Barreño con la típica coreografía; vestidos con jeans flojos, lentes oscuros, camisetas de equipos deportivos de los Estados Unidos de América, pañoletas y demás accesorios que evoquen la cultura del reggaetón. Un fuerte y agudo cuestionamiento a los conceptos básicos de identidad.

Pieza # 3 - 1er lugar
RECETA PARA HACER UN SALVADOREÑO
Arte objeto
Un churrito marca Diana pegado con pegamento Resistol a una moneda de veinticinco centavos de dólar conocida en El Salvador como "cora". El churro representa la primera comida del niño, el alimento que le ayuda a crecer, a forjarce -desde el churro- en una sociedad como esta. El Resistol representa la escuela, la manualidad, la mala educación del así mal llamado sistema educativo, el adoctrinamiento al que es sometida la parte de la sociedad menos provilegiada. La "cora" representa el alimento futuro-presente de ese niño que ha venido desenvolviéndose (desde su interioridad) en un ambiente hostil, su necesidad de superviviencia, su instinto.

Pieza # 4 - 3er lugar
FASHION GERIATRÌA
Fotografía digital
Retratos de ancianos de un Hogar de ANcianos con ropa superpuesta de moda, juvenil, de las tiendas Zara, Bershka y Pul and BEar, esperando a ser atendidos por un médico. ¿Qué vida llevaremos cuando alcancemos la mayoría de edad? ¿qué de nuestra juventud arrastraremos para siempre hasta nuestra vejez? ¿cuanta juventud queda aún en nuestros adultos mayores? ¿como los ha afectado el mundo del presente?

...

Pieza # 86 - Último lugar de las que no obtuvieron nada
SIN TÍTULO
Este... ¿cómo es que se llama este formato?... ah sí: dibujo
Tinta sobre papel. Creación descomprometida. Mera búsqueda estética sin contenido social.

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Errores e incoherencias dejadas a propósito para una representación más fiel.
*Con aportes de la Huelvelena.

9 de julio de 2009

Cuento de cemento

Llovía como miles de chuchos miando. Las nubes se revolcaban entre todas como en orgía, como en película blanco y negro. Por el techo tipo carpa de circo del nuevo Café de Don Pedro, se deslizaban los chorros de agua, kamikazes, y soltaban sus risas chispeantes. El visavisa de los cobradores contrastaba con el ruido de la lluvia golpeando la calle. Un cobrador iba colgado de la puerta de la coster y no se mojaba. Las graves ondas del bajo que emanaban del vehículo, ahuyentaban lejos los chorros e iban a morir a la calle, atropellados.

En una esquina de Soyapango, una vendedora y sus hijos se habían refugiado bajo los pocos centímetros que sobresalían del techo de la clínica frente a la que vendían. Vendían ahí hace años. Dejaron los huacales abandonados a unos pocos pasos, se apuñaban contra la pared blanca y se miraban más morenos, más bellos porque la sonrisa no se les desprendía de la cara y parecían gozar. Los dientes de la madre eran grandes y blancos, como los chicles que vendía su marido.

Dentro de la clínica siempre era frío. El doctor, detrás de sus lentes, vió unas siluetas negras deformarse tras los solaires de las ventanas; se acercó con curiosidad porque ya estaba sordo y no sabía a qué sonaban los dueños de las siluetas. Al poner la oreja contra la cortina, escuchó las risas de los niños y la de la madre rebotarle hasta en el pecho.

Abrió la puerta un poquito. Seis ojos negros se le clavaron en la cara. Con la mano llamó esos ojos y les dijo:

—¿No quieren pasar adentro mientras llueve?
—Bueno —dijeron después de dudar unos segundos.

Adentro, tomaron café y comieron pan dulce. Adentro, se conocieron. Afuera, los mangos comenzaban a desbordarse de los huacales, se fueron rodando entre el agua.

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No hay duda de que este estilo es muy original. Yo lo inventé.

23 de abril de 2009

II Nadie 66:6-20

Abramos todos nuestra Biblia en el Verdadero Testamento, en el Segundo Libro de Nadie, capítulo 66, versículos del 6 al 20:













6 Y una de las aprendices de comunicadora social dijo de esta manera:
7 "Quiera Dios, oh hermanos, que salgamos bien en el examen parcial.
8 Que sea su inmensa misericordia la que se acuerde de nosotros sus siervos, cuando la maestra califique las pruebas. 
9 Que sea su mano la que guíe el trazo del número que sobre la papeleta quedará marcado como la sangre en el sudario, y que ese número sea mayor que seis: el número de la Bestia".
10 Un impío que ahí estaba, inspirado por el Maligno, habló así:
11 "No.*
12 Cometes yerro, niña.
13 Tontos son aquellos que ponen fe en cosas intangibles e incomprobables.
14 ¡Ay de ti, doncella! Me reiré danzando sobre tus lágrimas cuando veas que tus plegarias son en vano y que en verdad eres tú falta de entendimiento".
15 Dios hizo llegar la noche y la maestra calificaba el desempeño de los aprendices.
16 En el examen de la doncella, la tinta comenzó a moverse por fuerza divina. Las respuestas erróneas se transformaron en respuestas correctas.
17 Las tachaduras desaparecieron. Los números ubicados en los paréntesis no correspondientes, se movieron al lugar correcto.
18 Dios puso palabras inteligentes en vez de las estupideces de la joven.
19 Tan grande es la misericordia de Dios que ayuda al que le ruega desde su corazón.
20 Tan grande es Dios que ayuda hasta a los más pendejos.

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¡Ya quisieran muchos que todo esto fuera verdad! ¡Estudien!
*Éste es el versículo más corto de la Biblia. Contrario a lo que se piensa, que es Juan 11:35.

4 de abril de 2009

I'm nobody! Who are you?

Ser Nadie no es cualquier cosa. Nadie siempre ha existido, desde hace miles de años. Ha sido mujeres y hombres y niños y niñas. Al morir el Nadie en turno, le lega al Nadie electo su complicada misión de ser Nadie. El nuevo Nadie sólo sabe quién es su antecesor, pues hereda de él directamente su (no)indentidad; mas nunca se le revela la enorme lista de Nadies que vivieron antes de ellos dos. Es al nuevo Nadie que le corresponde investigar su verdadero origen, los nombres y los rostros de aquellxs que han sido como él: Nadie.

Yo, el Nadie de inicios de siglo XXI, he logrado identificar algunos nombres. En El Salvador no cuento con los recursos necesarios para entregarme completamente a esa investigación, pero hago lo que puedo. 

La casualidad también me hace encontrar información: Una amiga muy querida me dio esta pista, este poema de Emily Dickinson, que quiero compartir con usted...¡AH! ¿Que quién es mi antecesor? No lo puedo decir, pues cuando yo muera, será responsabilidad del que elija dar con el nombre de quien me inició. Mejor lea el poema.

I'm nobody! Who are you? 
Are you nobody, too? 
Then there's a pair of us — don't tell! 
They'd banish us, you know. 

How dreary to be somebody! 
How public, like a frog 
To tell your name the livelong day 
To an admiring bog! 

¡Soy Nadie! ¿Quién sos vos?
¿Sos Nadie, también?
A pues hay un par de nosotros — ¡no lo digás!
Nos olvidarían, lo sabés.

¡Qué monótono ser alguien!
Qué público, como una rana
Decir tu nombre el día entero
¡a una ciénaga admiradora!

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 Mala traducción casi literal de Nadie. Gracias Elena por mostrármelo (el poema) y contribuir así a la misión que me ha sido asignada.

28 de marzo de 2009

El parto de la Virgen

El bebé ya no aguantaba tanto tiempo dentro del cuerpo de esa mujer. Pensémoslo: no es muy agradable estar rodeado de tanto órgano en pleno funcionamiento y caca. Ya eran nueve meses desde que se había formado ahí dentro quién sabe cómo y, si no salía en ese momento, la panza de la mujer crecería tanto que reventaría y ese nacimiento sería muy grotesco, muy violento; sin poesía y misterio, como estaba previsto.

La mujer esa entró en labor de parto y la situación de la época no le permitía dar a luz de manera segura. Entre animales tuvo que abrir las piernas y pujar y sudar entre la mierda y el olor a establo. Parecía un animal ella también, se mordía la mano para aguantar el dolor y sus músculos se contraían. Encima de la paja que cubría el piso de aquel lugar, cayeron todos los fluidos asquerosos que de su vagina salían. Una mula se acercó a lamerlos.

El bebé comenzó a empujar. La mujer maldecía. 

Casi asfixiándose, Jesús se econtró con un problema al salir por la vagina de su madre: ella aún era virgen. Pero tan santo y milagroso era aquel feto ensangrentado que, al primer contacto con el inmaculado himen, se iba haciendo líquido y en ese nuevo estado, podía fácilmente atravesar el obstáculo. Cuando pasaba al otro lado de esa membrana, recuperaba su constitución de humano y las manos de José lo recibían a medida que iba saliendo. 

María, aún cansada, se apuró a cortar el cordón umbilical con sus dientes y, al segundo siguiente, se palpó dentro de su cansada vagina para sentir si aún quedaba su santísimo himen... Ahí estaba: intacto, sin profanar, digno de culto y promesas, lleno de gloria y poder.

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Imagen: Detalle del díptico EL NACIMIENTO DE MI HIJA de Ana Álvarez-Errecalde.

26 de diciembre de 2008

Cumbia hipérbole

Nory Flores y yo salimos a caminar por el centro de San Salvador. Ella quería hacer un paseo para recordar tiempos pasados y hacer algunas compras, pero le daba miedo ir sola. A mí me encanta el centro y, como tengo tiempo de sobra, no lo pensé nada y hacia el centro salimos Nory Flores y yo.

Me dijo que quería ir a ver a una sioux que hace muchos años vendía collares en el Hula Hula pero no recordaba cómo llegar ahí. Yo le dije que no se preocupara, que yo conozco el centro y salimos de su gran camioneta y luego del Estacionamiento Morazán en dirección a Catedral para luego llegar al Hula Hula. 

Llegamos. Nory parecía turista con sus lentes oscuros y su cabello bien arreglado y, ahora que lo pienso, no sólo parecía, sino que era una turista. Después de caminar por media cuadra en la acera del parque, encontramos el puesto de la sioux que, según Nory, estaba igual de bella como la recordaba pero más vieja. Nory no quizo decirle que le solía comprar artesanías muy seguido hace años porque, seguramente, la mujer no se acordaría de ella, pero le compró varios collares que usaría como decoración en su casa —según me dijo— y eso fue todo. Un señor mexicano nos ofreció tacos en el puesto de al lado pero aún no teníamos hambre.

Luego bajamos al Mercado Ex Cuartel porque Nory iba a comprar unos corbos con el escudo de El Salvador para llevar de regalo en su próxima gira por California y Texas. Mientras caminábamos hacia el mercado, ella se notaba nostálgica, alegre de volver a caminar por esas calles. Imaginé que quizás iba cantando una canción en su cabeza, o recordando a un ex novio o algo así. 

La niña Tina fue la que nos ofreció los corbos más baratos y nos los vendió rápidamente. Sólo dimos un paso para salir del puesto cuando una gitana llegó a echarle una maldición a la niña Tina porque, según alcanzamos a entender, había tratado de evangelizar a su hija y eso había disgustado mucho a la gitana: respiraba fuerte, gritaba agudo y sus manos se movían velozmente amenazadoras. La niña Tina le gritó todos los versículos de la Biblia que se sabía de memoria y la reprendió "¡¡¡en el nombre de Jesús de Nazaret!!!". Abriéndose paso por los mirones y los diferentes colores de piel y acentos, llegaron dos vigilantes a calmaralas y a terminar con el pleito; uno era cubano y el otro, ruso. 

Atrás dejamos el pleito, ya era casi medio día y Nory quería comer en el famoso Pip's Carymar. Le advertí que teníamos que caminar como ocho cuadras pero no le importó. Realmente andaba muy emocionada de andar en el centro. Casi le vi un gesto rezagado de su niñez. A nuestro paso vimos señoras vendiendo verduras, hombres vendiendo películas piratas, borrachos-tira-besitos, mujeres quechuas con sus hijos en sus espaldas hablando con indígenas guatemaltecas que llevaban a sus hijos de la misma manera; y vimos a una mursi que se había quitado el disco de barro de su labio inferior perforado y lo ocupaba como comalito para hacer pequeñitas pupusas, unas geishas iban caminando juntas como yendo al Teatro Nacional y unos novios discutían en voz alta en italiano. En eso, Nory me dijo:

—No. No ha cambiado tanto, Nadie. Talvez esté más descuidado y los edificios se estén cayendo, pero la gente es igual.

Me hizo sonreír.

Al fin en Carymar, una inuit nos atendió y ordenamos unas pupusas. Al fondo, atrás de la caja, otras dos inuit hacían una competencia de canto gutural y no pude evitar quedarme viendo; al final ganó la más joven cuando la mayor se empezó a carcajear y yo me reí también desde mi mesa y Nory se rió y me dijo que yo era algo metido, que debía aprender a ver las diferencias como algo normal. No le argumenté porque en eso nos sirvieron las pupusas y comimos en silencio, disfrutando de ver a la gente pasar al lado de la calle, afuera de la gran vitrina que nos separaba de estar a la intemperie. Al terminar nuestra comida Nory me dijo que siempre le habían gustado los colores con los que se visten las inuit y los razgados ojos que tienen. Asentí. Me dijo que era mentira lo de que soy metido, que entendía cuan hipnótico puede ser el canto de ellas y sonreímos. Creo que ambos nos sentimos como niños. Atrás, en el pasaje Montalvo, les compramos galletas a los chinos.

Salimos. Caminamos calle abajo de regreso al estacionamiento. Ya Nory tenía sus collares y sus recuerdos frescos otra vez. Al llegar a la Plaza Morazán, frente al estacionamiento, Nory me sorprendió y salió corriendo a pararse junto al monumento de la plaza. Yo la veía más feliz que nunca. La gente se le quedó viendo y varios la reconocieron. Una pareja hawaniana le tomó fotos, una huichola la miró severamente y un masái altísimo saltó contento cuando Nory comenzó a cantar de felicidad. Fue imposible que no se aglomerara la gente cuando ya iba por la parte de su famosa canción que dice:

Mi país.
Mi país, ¡qué lindo es mi país!
Están ahí
las razas todas en mi país.

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Imágenes: Mujer quechua por Dale John Larsen, mujer inuit por Lomen Bros, mujer mursi por Sergio Pessolano.
A Esaú y Pedro por las noches de analizar cosas grenchas.
Por reglas estricatas de este blog no puedo subir el video de la canción a la que se hace referencia, pero lo puede ver haciendo clik aquí.

5 de diciembre de 2008

Claudia joined Facebook

Me limpiaron toda, me metieron en una cápsula y me inyectaron cosas que lograron revivirme. ¡Si mis amigos me hubieran visto! Parecía tener puesto un traje de mangueritas por las que pasaban líquidos de varios colores.
Luego me preguntaron cómo quería verme y les contesté que como cuando tenía dieciocho años. Me complacieron e hicieron un buen trabajo. 
Las autoridades me contaron de qué se trataba todo y casi me vuelvo a morir al enterarme. 
Ahora ya estoy acá nuevamente. No puedo negar que soy afortunada. 

Cómo se siente resucitar. Claudia Lars. Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, 14 de diciembre de 2008. 

  • Claudia plans to attend Círculo Literario Quetzalcoatl. 

—La estábamos esperando, Claudia. Estamos muy emocionados de que nos haga el honor de su visita.
—Muy amable. ¿Que vengo tarde? 
—¡No! No. Nosotros venimos temprano. 
—Ah... muy bien… ¿nos sentamos? 
—¡Sí! Claro… y este… ¿podríamos abrir la sesión de hoy con uno de sus nuevos poemas? 
—Por supuesto. Déjeme buscar uno que me gusta mucho… acá está. 

renglón tinta palabra/ blanco italia messenger/ nombre propio/ palabra palabra palabra/ [hacer tres chasquidos con los dedos]/ punto coma palabra punto/ Aaaaaaaaaaaaaa………..aaaaaaaaaaaaaA/ — — — tatatatatatatatatatatatatata guión — guión — guión — — —/ [decir sin sonido y gesticulando exageradamente “usted me está leyendo los labios”]/ cabello caspa cuerocabelludo cráneo cerebro idea poema// aire labios lengua garganta palabras saliva poema/[dos minutos de silencio manteniendo la boca abierta]/ érase una vez

—…  
—Bueno… si no hay nada qué decir, me retiro.  

  • Claudia sent a Arthur Rimbaud using Poetas Malditos. 
  • Claudia is upset because no one understands her!!! 
  • Claudia wrote on Es pecado resucitar a los muertos aunque hayan sido escritores’s wall.  

—Cuénteme, Claudia, qué proyectos tiene en esta nueva etapa en… esta nueva vida jejeje. 
—¡Federico, qué gusto verlo!... Pues mire, le cuento: me interesan tantas cosas, tantas cosas nuevas que hay, ¡cosas inimaginables en mi primera vida! Aparte de la poesía, quiero trabajar arte conceptual, el video arte y el performance. Ya estoy preparando un proyecto con Regina José Galindo de Guatemala. 
—¿Ah sí? Y ¿en qué consiste? Si puedo saber. 
—Nos vamos a grabar bien mojadas y quietas hasta secarnos, luego pondremos el video en reversa y a mayor velocidad para que dure sólo siente minutos. Se verá como que el agua empieza a formarse en nosotras. Ya hicimos algunas pruebas. 
—… 
—Y… con Eduardo Chang tengo planeado hacer un mural de la Casa Munguía en las paredes que rodean el predio donde estaba antes de que se incendiara y, también con Chang, vamos a proyectar una imagen gigante del Cine Vieytez sobre el edificio de Electrolab Medic que está en vez del cine. 
—… 
—Yo sé, Federico, que no es lo que me había dicho CONCULTURA  que quería que hiciera pero comprenda que al arte no se le puede poner condiciones ni límites. 
—Sí, Claudia, pero el plan era… 
—¡Bueno, Federico, si no le gusta máteme! 

  • Claudia found people who clicked 'YES' on her on Are You Interested?! 
  • Los Tacos de Paco tagged Claudia in 15 photos. Tagged in: Miércoles de Poesía 295 
  • Claudia is resucitada.

23 de noviembre de 2008

Cómo el país puede tener buenos escritores

Federico Hernández llegó al edificio donde queda CONCULTURA guiado por un guardia. "Es que en el Centro de Gobierno todos los edificios se parecen" decía avergonzado y con risa nerviosa cuando lo escoltaban del Ministerio de Gobernación a su edificio correspondiente. Ya llegaba tarde, otra vez, para una de las reunioines más importantes de su gestión. Meses atrás se había oído rumores de que la reapertura del Teatro Nacional sería el legado más importante de este hombre, pero esa mañana Federico Hernández había convocado algunos importantes escritores para exponerles el proyecto que sería, sin duda, el legado más importante de la literatura en el país.

—Señores,...

Al decir "señores" se refería a Manlio Argueta, Rafael Menjívar, Jorge Galán y Roberto Laínez.

—...gracias por atender a la reunión convocada con tanta urgencia; pueden agarrar el pan dulce y el café que gusten.
—Y ¿de qué nos querés hablar?- dijo Roberto Laínez con la boca llena.
—Simplemente se trata de un proyecto... jamás soñado por ninguno de los presidentes anteriores de CONCULTURA... Eh... Señores, siendo francos, ¿no estan cansados de tanto niño que se les acerca con poemitas feos, cursis; con cuentos raros, demasiado absractos y absurdos; pretendiendo convertirse en escritores y algunos, incluso, creyendo que lo son?
—Viera que a mí no me molesta y...- quiso intervenir Manlio Argueta, pero Federico Hernández hizo como que no lo había escuchado y siguió:
—Señores, ¿no se han preguntado alguna vez cuándo llegará el momento en que la literatura nacional vuelva a dar autores tan exquisitos como el gran Francisco Gavidia, Alfredo Espino o Alberto Masferrer?

A la cabeza de Rafael Menjívar llegó la idea de comenzar a hablar de los jóvenes talentosos de La Casa del Escritor; abrió la boca para exponerles a los demás caballeros su opinión pero Federico Hernández se le había adelantado y ya estaba diciendo:

—Pues ya no se cansen por esos niños, señores, ni se pregunten cuándo llegará otra época tan fructífera en las letras salvadoreñas como en la primera mitad del siglo anterior... El asunto por el cual los he convocado es que, después de consultar con gente de la embajada de Japón sobre tecnología para resucitar personas, he llegado a la conclusión de que lo mejor para nuestra literatura sería revivir a los grandes como al maestro de Rubén Darío: Francisco Gavidia, a la misma Claudia Lars, a Alfredo Espino, a Hugo Lindo, ¡hasta a Arturo Ambrogi! Así ellos podrían seguir escribiendo, continuar su grandiosa obra y ocuparse de enseñarles a los niños con delirios de escritor una que otra cosa. Así evitaríamos oir esos "poemas" que disfrazan de verso libre, esas historias  tan extrañas, esa narrativa tan poco agradable y volveríamos a lo que realmente es bello: poemas sobre nuestra campiña, nuestras bellas mujeres; historias de nuestros indígenas, crónicas de la hermosa Europa... ¡no se imaginan cuánto me tiene entusiasmado este proyecto! Quiero que ustedes sean el equipo que trabajará en definir la lista de resucitados. Esto pondrá a El Salvador como el primer país que resucita a sus más célebres escritores; definitivamente: ¡Impresionante! 

Luego de unos pocos segundos de silencio, de asimilar la idea, de imaginarse a los grandes de siempre compartir tertulias con ellos en La Panetière o en algún Coffee Cup; los cuatro escritores aplaudieron fuertemente y los ojos de Federico Hernández brillaron porque son tan claros y una lágrima asomaba a sus comisuras. Ya el pan dulce se había acabado. Rafael Menjívar limpiaba unas migajas de su pantalón. Manlio Argueta pensaba en cómo llegar del Centro de Gobierno a la Biblioteca Nacional. Roberto Laínez había salido a fumar un cigarro desesperado. Jorge Galán nunca dijo nada. 

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En la imagen: Alberto Masferrer, Claudia Lars, Francisco Gavidia y Federico Hernández.

8 de noviembre de 2008

La artista visual contemporánea

Vivía en el lugar más parecido a la nada. Seis metros por seis metros de blanco perfecto. Si no hubiera zumbado a lo lejos el aire acondicionado, hubiera vivido dentro del silencio perfecto, así sin vibraciones. El aire acondicionado no la dejaba sudar.

Ella vestía de blanco... miró a su alrededor profundamente consciente de lo que hacía ese simple hecho era ya una obra de arte y del guacal blanco que tenía en una mano, comenzó a agarrar pétalos de flores blancas con la otra, tirádolos delante de ella, marcando el camino que seguiría, creándolo. Se desplazó de un extremo a otro de aquel lugar poniendo un pie sobre el camino recién nacido, esa metáfora de la vida, esa textura que iba creado; luego ponía el otro. Al llegar al extremo del cuarto donde nada nuevo pasaba pues era, igual, blanco; irrumpió, ella, en la monotonía clara que zumbaba y de la bolsa de su falda sacó una espátula de madera... ¡¡cuidado, lector, no se haga ilusiones!!: la espátula estaba forrada de guata... con ella revolvió los pétalos que quedaban en su guacal y, luego, ante las expresiones de asombro de los asistentes imaginarios, se los comió sintiéndole hasta los sabores que no tenía, con un exagerado movimiendo de mandíbula, con una mirada que comunicaba todas sus ideas en un segundo, profunda ella; ella una obra de arte; ella y sus acciones, arte; ella viviendo en un cuarto forrado de guata.

Pasaron ciento treinta y siete años. Dios vino a la Tierra. Centroamérica era gobernada por el Partido Gay. La artista visual eternamente contemporánea no había dejado un segundo de realizar su obra; cuando terminaba volvía a empezar, como Sísifo. Pero Dios, que después de tantos años de trabajo burocrático no había perdido su misericordia, se apiadó de ella y osó entrar en aquel espacio donde ella permanecía joven para que la pieza permaneciera intacta. Puso Dios una pose de Charlton Heston en LOS DIEZ MANDAMIENTOS y le dijo la verdad: "Hija, eres sólo una obra de Alexia Miranda y Ronald Morán".

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Imagen: HABITACIÓN INFANTIL de Ronald Morán (1972).

3 de octubre de 2008

El secreto del escritor nacional

David Escobar Galindo no es lo que parece.
David Escobar Galindo esconde un secreto.
Usted lo puede ver por ahí, en un periódico o en la televisión a veces; con su ropa impecable y aburrida; con el pelo que ya sólo tiene en los costados de la cabeza, cubriéndole la calvicie y sirviéndole de económico peluquín que nace bondadoso en las cercanías de su brillosa calva. Por ahí camina él escribiendo un soneto a diario y publicando un relato a la semana por los años y años de los siglos de los siglos.
Son muchísimas las personas que saben quién es él y su nombre les causa admiración así no hallan leído nunca ninguno de sus trabajos y cuando llegan a leer algo de lo que ha escrito —lo que sea—, les gusta; pues ¡obvio!: es Escobar Galindo el poeta, el firmante de los Acuerdos de Paz, el del nombre famoso, el de las tantas columnas en los periódicos, el escritor salvadoreño que sí vende, el Maestre del Gay Saber de los Juegos Florales de Quetzaltenango.

Pero David Escobar Galindo esconde algo.
Cuando llega a su casa por las noches, al hallarse solo, sale a relucir quién es en realidad, eso que tanto esconde, eso que yo sospecho y él, seguramente, negaría si le preguntara al respecto.
David cierra la puerta de su habitación con llave y cierra las cortinas por precaución —en esas colonias de ricos uno nunca sabe quién puede tener un telescopio—; se sienta en la orilla de su bella cama y descansa sus manos grandes y blancas sobre sus piernas. Cierra los ojos y, dejando la imagen de hombre que debe aparentar en el día, se entrega a su verdadero ser.
David Escobar Galindo es un gecko. En el color de su piel lo noto; en el color de sus ojos y en las formas de sus manos, también. Por las noches sólo Dios es testigo de cómo da cabida a sus instintos animales y se adhiere a las paredes de su habitación y la recorre entera por las cortinas y el plafón, por las lámparas y los espejos, con su corbata moviéndose y desfigurándose colgada de su cuello.
Es extraño cómo un hombre tan grande puede andar ágilmente por las paredes sin dejarles una marca siquiera; pero es que él es un gecko y se come las cucarachas y, de repente, sin saber por qué, canta; suelta de su boca ese chasquido intermitente que sólo él y los otros geckos saben qué significa.