9 de septiembre de 2008

Ya estoy casadero pero...

“Ya se puede casar” diría mi abuela.  

Lavo ropa a mano, cocino, horneo brownies (de los de verdad, no de los de mezcla para sólo agregar agua) y quesadillas de queso; en mi máquina de coser hago remiendos, ruedos, arreglos y hasta uno que otro pantalón. También quiero meterme a clases de confección de ropa en una pequeña academia del centro donde una viejita enseña costura a otras viejitas y voy a aprender a tejer y a bordar por Internet. Si tuviera senos y vagina (y dientes perfectamente parejos después de haber usado frenos en la adolescencia) sería la ama de casa ideal: ¡ni la Bree Van de Kamp de Desperate Housewives!  

Pero, graciasadios, no lo soy (sin menospreciar a las mujeres). Soy hombre y me gusta serlo así como me gustan los hombres. Soy hombre… con barba y vellos sin rasurar en las piernas, con bigote y pene… pero soy un hombre solo, soltero desde hace dos años, tratando de encontrar en la cara bonita de algún muchacho un espacio pequeño (de 1.65m) donde quepamos yo y mi cabello largo, y mis poemas, y mis dibujos; mis idas obsesivas al teatro y todas esas cosas; las fantasías.  

Mientras tanto, ni espero; si me pongo a esperar conscientemente, sentiría el tiempo demasiado largo y me desesperaría, comenzaría a buscar sexo de una sola noche (one night stand es el término en mi cabeza) en algún tonto chat y terminaría en una inútil discusión con algún “SeXyBoY69” o algún “BI-MAN36: OSO,UNI+PAS,DOTADO,ZONA UCA” sobre por qué no estoy de acuerdo en que los gays se denominen “pasivo”, “activo” y “universal” y que en los primeros cinco minutos de conversación le pregunten a uno en cuál de esas categorías se sitúa como que esa fuera una pregunta cotidiana del nivel de “¿qué tipo de música te gusta?”

Mientras tanto, mejor sigo viviendo, respirando y dando vueltas por San Salvador. Mientras tanto, simplemente, veo las caras de los muchachos bonitos de lejos (como detrás de una vitrina o como en un zoológico) y me conmuevo fácilmente con ficticias relaciones amorosas heterosexuales de la televisión: justo quince minutos antes de que termine el episodio de Sex and the City del día ya siento las lágrimas aflojándose. Que sea esta sensación la que me mantenga viva las mariposas en la panza de las que tanto hablan. Tienen que estar bellas para cuando me vuelva a enamorar.

6 de septiembre de 2008

Pecando al hablar de la selección nacional de fútbol

Qué intelectual la gente que hace predicciones para el partido de El Salvador y Haití. Me impresionan. Ha de ser cierto eso de que El Salvador es "Impresionante".

Qué nivel de análisis se requiere para diseñar tácticas hipotéticas e inútiles. Si todos pudieran ser los técnicos de la "selecta"...

Yo deseo que pierda la selección nacional de fútbol de El Salvador (el país donde nací y vivo). Que se queden gastados por gusto los "hermanos lejanos" que vinieron desde el "departamento 15" a ver semejante evento. Y que, ojalá, el gobierno se de cuenta de que es dinero mal invertido el que se gasta en esos pobres jugadores. Que el presidente use los US$5,000 que ha prometido por cada gol, para beneficiar a varias familias necesitadas y que puedan comer mejor, comer; poner algún negocio, mejorar sus casas y dormir secos.

Todavía sale un hombre -de léxico básico- por televisón (que sepa Dios quién es) diciendo que había llevado a los haitianos a unos "malls" para que "conozcan el país": ¡pobre ignorante! Y llegan a figuar al estadio políticos y ministros. Hasta el presidente se hizo presente: un "emperador" estúpido en su coliseo, diviertiendo a su pueblo para que no se de cuenta lo mal que gobierna.

"¡El Salvador! ¡El Salvador!" gritan sudados, exitados y abrazados, los hombres; en esas graderías, entre tanto roce, descargan su homoerotismo reprimido. La ministra de educación admira el azul y blanco, colores patrios regados por todo el estadio en este mes de la patria; pero no dice nada de las máscaras de lucha mexicanas: nuevo accesorio de moda entre "la afición". Desde sus casas, los que no tenían dinero ni carro para ir, gritan a cada gol como por ninguna otra cosa lo hacen; celebran tirando cohetes como si del nacimiento de Cristo se tratara.

Tan siquiera Dios existiera para iluminar las mentes de esas turbas que disfrutan los orines callendo sobre sus cabezas (golden shower se llama eso, si hablamos de fetiches sexules). Pero bueno...

Al final, la selección ganó el partido. Qué vergones ellos, le ganaron al país más pobre del continente, con menos recursos, seguramente, que nosotros para preparar como se debe una selección nacional. Pero los demás perdimos... perdimos US$25,000. 

3 de septiembre de 2008

L

Tengo una amiga y cuando nos vemos es raro -raro bueno- porque raras veces nos vemos y, al hablar, ambos tenemos tantas cosas qué decirnos que siempre nos quedamos cortos, nos atropellamos las frases y hacemos paréntesis tan grandes como lo que estábamos contando originalmente.
Entre los dos hay todo un mundo, o toda una sociedad, o casi toda la escena cultural de esta ciudad donde vivimos. Entre ella y yo conviven Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir junto a Salarrué y Zélie Lardé; Julio Cortázar y Hugo Lindo; Diego Rivera y Eduardo Chang. Con ella hablamos del Dios del Antiguo Testamento, del Dios del Nuevo Testamento, del Dios personaje literario y hasta del Dios caprichoso (si es trino y uno y omnipotente, definitivamente puede ser más de tres, más de cinco...).
De mí hacia ella desfilan las divas wannabe. De ella hacia mí desfilan los anarquistas del siglo XXI. Yo le cuento que un ex amante me dijo una vez que debería cortarme el pelo, rasurarme y engordar. Ella me cuenta que en España todos eran más altos que ella y la abrumaban tantos edificios altos.

A veces calla y se queda con cara de pregunta. A veces calla y me quedo con cara de pregunta.

Sin percatarnos llega el momento de despedirnos. El tiempo siempre es poco. El tiempo siempre es mucho por lo mucho que hablamos. Nos despedimos pues hay trabajos y compromisos pendientes. Que nos volvamos a ver pronto es probable pero no, seguro.

2 de septiembre de 2008

Nadie por la noche

Afuera está la calle. Cuando se hace de noche, la calle sigue ahí, fija y sucia, con menos gente.

Anoche manejé solo por las calles del centro de San Salvador por primera vez. Varios mendigos estaban parados en las aceras con sus extravagantes ropas. Varios obreros regresaban a sus casas a descansar. Hedía, hacía frío y llovía. Debajo de las bancas dormían unos niños; dentro de algún agujero oscuro y sucio, dormían otros seguramente.

Venía del teatro, de ver DE LA CALLE del grupo de teatro de la Universidad de El Salvador. Jóvenes actores llevaban la calle adentro de una sala de teatro; en ella representaban sus imágenes y sus sonidos y yo, que lloro fácilmente ante una buena pieza de arte, lloré mucho... de tristeza, de ver ante mí tanta miseria... de alegría, de ver que sí hay jóvenes interesados en el teatro y que tienen enormes capacidades... lloré por esas y otras razones. Las lágrimas me salían desde el pecho.

De regreso otra vez al carro, ya estaba en el centro de Soyapango donde fuera de una cantina cerrada vi a tres hombres abrazándose o deteniéndose para no caerse, hablaban o balbuceaban, se besaban. La obra no ha terminado; continúa en la calle, a diario. La obra no inició a la hora que comenzó la función, ni cuando la escribió el autor; ha estado rodeándonos desde siempre, ha estado siempre ante nosotros y sólo encima de un escenario la logramos ver.

Afuera está la calle; apenas un paso afuera de nuestras casas está. Y nosotros no pensamos más allá de nuestras paredes, colgamos cuadros con paisajes europeos o gringos y encendemos el televisor. Los balcones de hierro y los vidrios de las ventanas vibran al ritmo del bajo de alguna bachata o del reggaetón.

30 de agosto de 2008

Tres


De repente me despierto y veo el cielo... tres años han pasado...

Tengo el pelo largo de tres años; ideas y experiencias acumuladas de tres años.

Vuelvo. Me instalo otra vez en el viejo espacio y no ha cambiado mucho. 

Las personas sí han cambiado. Los adolescentes que viven cerca de mi casa han crecido tres años y uno se ha hecho marero. Mi papá ha envejecido tres años y habla diferente, tiene otras ideas; se ve viejo y tiene la misma edad que Madonna.

Vuelvo. Acá me tengo que cuidar, observar bien mis movimientos y hacia dónde miro. Soyapango es rápido y violento; en sus ruidos se nota su personalidad, su clima lo hace notar y vibra, vibra como ningún otro municipio. Acá tengo que ser cuidadoso y no pintarme las uñas. Cuando vea a un muchacho que me guste, tendré que disimular mi mirada, otra vez, como cuando era adolescente.

Vuelvo, quizás, en el tiempo. Los viejos escenarios me cubren y trato de acostumbrarme otra vez; trato de sacar poemas de Soyapango pero me es difícil...

24 de agosto de 2008

La importancia de la imagen



¿Cómo vas a creer que vas a ir vestida así?
¡No ves que te pueden ver mal en ese lugar!
¡¿Querés que te harten viva cuando lleguemos?!...
¡Y tenés que maquillarte!

No puedo creer que pensabas ir con esos jeans azules y esa camiseta. ¡Como que a saber a dónde ibas te veías! Puro lunar te ibas a ver en medio de todos los que van a llegar. Uno debe de saber vestirse para esas ocasiones. Zapatos adecuados, accesorios que vayan con el estilo del evento, un buen peinado con spray o algún otro producto para el cabello. ¿No ves que eventos así no se dan muy seguido en El Salvador? ¡Si no es a cualquier cosa a la que vamos!

¿Cuándo has visto que venga Misfits a dar un toque?
¡Te pelás, cerota!

9 de agosto de 2008

¡¡¡Yo en Nuevapalabra!!!

"Soy ajena de todos, Nadie me reconoce. Nadie sabe qué viento va palpando mis manos. En estas latitudes Nadie sabe mi nombre."
- Roxana Méndez. El Trayecto/ MNEMOSINE.

"Era una noche de viento, una noche en la que la electricidad se había marchado sin avisar a Nadie, como una hija rebelde,..."
-Johanna Raabe. Conversación con el Viento/ ENTRE UNA Y TRES DE LA MADRUGADA.

"Y no. No. Nadie me había dicho lo peligroso que es el oxígeno, así sin indicaciones."
-Ana Escoto. Martínez, el Paralelepípedo y la Ventana/ MENGUANTES Y OTRAS CREATURAS.

"No importa el tiempo, Nadie en este pueblito querrá leer un libro de Filosofía."
-Alberto Pocasangre. La Infinita Intrascendencia del Ser/ CAMISA DE FUERZA.

"¿Por qué Nadie más (sic) camina conmigo en esta línea delgada y blanca y escucho gritos y escucho ruidos,...?
-Elena Salamanca. La Locura/ ÚLTIMO VIERNES.


5 de agosto de 2008

Si tuviera un dólar por cada vez que usan mi nombre...











"Nadie te conoce tanto."
-Super Selectos

"Como yo Nadie te ha amado."
-Alguien que tradujo al español This Ain't A Love Song de Jon Bon Jovi

"(La soledad) ocurre cuando no se conoce a Nadie."
-Jacinta Escudos

"Nadie discute que el sexo/ es una cetegoría en el mundo de la pareja:/ de ahí la ternura y sus ramas salvajes."
-Roque Dalton

"No soy Nadie."
-Marguerite Duras

"No se culpe a Nadie."
-Julio Cortázar

"No duerme Nadie por el cielo."
-Federico García Lorca

"Una noche se le presenta. (Ulises) le dice que se llama Nadie y le hace beber hasta que el cíclope queda totalmente borracho."
-Homero

2 de agosto de 2008

Diálogo e instrucciones para comer en el bus

DIÁLOGO

- Holabuenastardes, caballero. ¿Cuál va a ser su orden el día de hoy?
- Mi orden, éste día, será un combo número dos pequeño (que es grande) para llevar.
- ¿Para llevar?
- Para llevar.
- Bueno… Déjeme repetirle su orden…
- Sí.
- … Estaría llevando un combo número dos pequeño para llevar ¿verdad?
- Es verdad.
- Serían tres noventa y cinco.
- Aquí tiene.
- Le entrego su cambio. Orden número treinta y dos. Pase al final de la barra, por favor.
- Gracias.
- Pase feliz tarde.
- Usted también.
- Que lo disfrute.
- (Sonrisa. Mejor ya no sigo.)

INSTRUCCIONES

Luego de haberse sentado, ponga su cartera, bolsón o morral –como en mi caso- en sus piernas horizontalmente y acostado. Sobre eso coloque la bolsa donde van la hamburguesa y las papas fritas. Ponga los pies de puntillas –si es usted de estatura pequeña o piernas cortas- para que las cosas no se le deslicen hacia delante y se le caigan. No deje de sostener la gaseosa con una mano y mantenga el equilibrio según se mueva el bus. Con la otra mano enrolle la orilla de la bolsa hacia fuera para un mejor acceso a la tan deseada comida. Cómase todas las papas primero porque van encima de la hamburguesa. ¡Pare de comer!, cierre la bolsa, agarre bien sus cosas y bájese del bus por peligro a ser asaltado por el hombre claramente drogado que se acaba de saltar la máquina que cuenta los pasajeros a la entrada. Aborde el otro bus que lo llevará a su destino final. Siga los primeros pasos antes mencionados hasta llegar a la interrupción del hombre drogado. Termine sus papas y, para poder agarrar la hamburguesa con las dos manos, haga un espacio entre su estómago y su cartera, bolsón o morral –como en mi caso- y coloque ahí el vaso con la gaseosa (saque la panza para afianzarlo). Trate de ignorar la excesiva velocidad con que maneja el motorista y los continuos saltos provocados por los baches en las calles del centro histórico de San Salvador. Trate de ignorar, también, las caras sucias de hambre que lo miran fijo desde la calle cuando el bus se para por el semáforo en rojo. Termine de comer y guarde la basura para tirarla en un recipiente destinado a tal efecto cuando llegue a su destino final (no ha de querer que un turista se desintegre de repente por ensuciar la calle) y, por último, pida perdón a Cortázar por escribir instrucciones.