Punto verde no.
Foto verde.
Ojo.
Labio superior.
Pestaña en la u.
Salú.
Desconocido me toca.
Cesa la tinta verde.
Té.
Quiche de espárragos.
Desconocido me habla.
No soy actor, no soy bailarín.
No sé qué hago.
No conozco a Mauricio Esquivel.
No sé qué implica ser libra.
Grupo de muchachos entra, recuerdo;
desde el punto que marca la puerta se dispersan,
dibujan con las cabezas.
Entre esos puntos, dos puntos ojos.
Moscas que te rodean.
Moscarrones tornasolados
para matarlos.
Casi tímido, veo el destello.
No cambio.
No me inmuto.
Permanezco y no soy parte.
Soy menos,
menos que todos los de aquí
porque tildo
las palabras
con pestañas largas.
O verde.
O amarilla.
O café.
Nariz y palpitar.
Forzarme a estar en el momento.
¿Cómo te llamás?
Ver a Joel Madrid,
«como la capital de España»,
a los ojos y sentirme triste.
No, no soy el del moño.
Soy el que habla con desconocidos en cafés.
Verme.
Sentirme triste.
Estar aquí con esperanza.
Esperar ver lentes,
pelo negro,
Ojo verde.
Pantalón.
20 de agosto de 2012
15 de agosto de 2012
Hipsterest of songs
No sos vos, soy yo.
No es que me distraiga un recuerdo, es que retengo la sensación anterior.
No veo el rótulo, recreo el recuerdo.
Estarás ahí.
Es que esta calle la caminé hace meses y no había acera pero sí tus pies:
fantasía de saltarse el alambrado, también.
Es este río el que huele a jabón
y en él van orines de monos, flotadores en forma de Spiderman y los destellos del sol
con pestañas blancas
pispileantes:
río redondo
con pupila.
Y euforia provoca encontrar
una manzana.
Vas y venís y en el aire.
Me acurruco a lo español estándar y acaricio la pantalla en mi regazo.
Vibran las voces en mis piernas y las calientan.
Vibran las notas.
No estarás ahí.
Ayer, a mi lado, surgió un olor ajeno de niña que abre revista,
de niña de cuerpo ajeno,
de tinta en papel nuevo,
de tinta y cuerpo
olor a hierro.
No es tu aliento, es mi recuerdo.
Separo tus facciones de niña desnuda y las señalo en tu cuerpo de hombre.
Señalo un número y lo veo pasar atrás y adelante de buses.
Amanece y no estamos despiertos, no hemos dormido.
Un motor se enciende.
Sentados juntos
siempre estoy a punto de algo.
No es que me distraiga un recuerdo, es que retengo la sensación anterior.
No veo el rótulo, recreo el recuerdo.
Estarás ahí.
Es que esta calle la caminé hace meses y no había acera pero sí tus pies:
fantasía de saltarse el alambrado, también.
Es este río el que huele a jabón
y en él van orines de monos, flotadores en forma de Spiderman y los destellos del sol
con pestañas blancas
pispileantes:
río redondo
con pupila.
Y euforia provoca encontrar
una manzana.
Vas y venís y en el aire.
Me acurruco a lo español estándar y acaricio la pantalla en mi regazo.
Vibran las voces en mis piernas y las calientan.
Vibran las notas.
No estarás ahí.
Ayer, a mi lado, surgió un olor ajeno de niña que abre revista,
de niña de cuerpo ajeno,
de tinta en papel nuevo,
de tinta y cuerpo
olor a hierro.
No es tu aliento, es mi recuerdo.
Separo tus facciones de niña desnuda y las señalo en tu cuerpo de hombre.
Señalo un número y lo veo pasar atrás y adelante de buses.
Amanece y no estamos despiertos, no hemos dormido.
Un motor se enciende.
Sentados juntos
siempre estoy a punto de algo.
4 de agosto de 2012
Muro
#FFE4E1. Es la bella época. Codifico los colores tenues de la poca luz. Lubrico mis dedos con la grasa de mi cara. Respiro la nube y se enrojece mi nariz. Arrastro alambres con ropa mojada. Quiebro una caña. Quiebro a mi papá y lo aviento. Veo al sur. Una nube cubre mis ojos. Una nube rodea mis hombros. De una nube cae mi pelo y sale mi cuerpo. Un relámpago dilata las venas en mi ojo. Veo mis manos opacarse. Apenas relumbran mi uñas. Busco entre calles una ruta. Mis dedos se deslizan entre casas. Brilla el asfalto. Caen los carros en barrancos. Ruedan los cuerpos. Vuelan zapatos. Vuelan los dientes con gotas de sangre. Cables eléctricos colgados de mí. Cesan las chispas. El viento está frío. Es la bella época y encuentro un cerro mojado. San Jacinto. Lo arranco. Quito su nombre. 13.678566, -89.161532. San Jacinto. Declaro camino esta planicie. Arrastro conmigo dos estrellas. Voy al sur. Hurgo entre casas. Descarto y aviento gente. Busco. Aún es noche. Vuelan las últimas luces de mis pestañas. #808080.
31 de julio de 2012
Lesbiana del Método Palmer
Es seguro que su nombre es de mujer. La llamaré Silvia en esta línea.
Sentada frente al banco, ha, quizás, construido ella misma unos estantes metálicos para libros usados que vende y ahí están
apilados y desteñidos, arrugándose.
Tiene el pelo corto, ondulado casi en rizo; raíces oscuras y puntas rubias,
[lista de características de una mujer masculina],
ojos claros, una mujer sentada al lado que no nombraré;
pero a Silvia la nombraré Jessica en esta línea. La recordaré, aquí, gritándoles cosas a los buseros que la ahúman, que las ahúman, que les ahúman. Pienso que le han de decir Jessi. Esa mujer le ha de decir Jessi porque yo he decidido que es su amante y que viven juntas; juntas crían a ese niño que a veces está con ellas siendo ahumado, gritándoles a los buseros que pasan y les gritan también, quemándose al sol, sentado ahí.
Jessi… la llamaré Berenice de aquí en adelante. Ella a mi derecha disolviéndose en ráfaga de color y sonido cuando voy con prisa hacia el poniente de San Salvador. Ella a mi izquierda opacada por la luz escasa anocheciendo, cuando voy hacia la casa de mi papá, viendo entre las manchas del camino las manchas que son los libros que ella vende
casi en la esquina de un banco que en mi infancia era librería
que ahora es mancha en mi recuerdo, como la mancha anaranjada que veo entre los libros de Cristina
y me detengo.
Método Palmer de Caligrafía Comercial.
La imagen aumenta en resolución y ya la veo mil ochenta por setecientos veinte. Yo niño sentado con brazos desnudos y lápiz en mano, encalleciéndome.
Paso un domingo y sólo veo los estantes metálicos vacíos, solo veo los estantes metálicos vacíos.
¿Y Cristina?
La nombraré Eugenia aunque no le guste ese nombre, aunque no le guste a la amante ni al hijo que le he asignado. Ella es un recuerdo que se activa cuando camino en esa cuadra de la ciudad. Ella es en quien pienso cuando veo a otra mujer así: masculina, camisa floja que disimula senos, piernas abiertas al sentarse, zapatos para correr y con los que camina
con esa imagen dura, impenetrable, asoleada y determinada por el calor de este invierno.
Hoy la encuentro. Nuevamente están las dos mujeres ahí sentadas, sin hablar, entre la vibración y ruido de San Salvador.
—¿Tiene el Método Palmer?
Se tarda más de lo normal en contestarme, casi un segundo más.
—Sí.
—¿Cuánto vale?
Agarra una bolsa que fue transparente y tiene tres ejemplares.
—Un dólar –miente.
—Me da uno.
Lo pone en mi mano. Lo hojeo. Mi cuerpo recrea sensaciones perdidas hace quince años y mi papá me regala este libro, lo odio, me gusta ver las planas, me frustra no poder hacerlas. Distingo rasgos de mi caligrafía.
—Tome –le doy el dinero.
—No tenemos bolsa –dice la compañera.
—No importa. Así me lo voy a llevar.
Y me sonríen. Las veo a cada una a los ojos y no evito la sonrisa o me la contagian. Camino. Mariana y su pareja detrás de mí. San Salvador se vuelve otra vez un túnel de manchas y ruido. Respiro el humo, me mancho en la piel y el sol me quema, sudo.
Es invierno.
La camisa se me camufla de dos tonos del mismo color.
8 de marzo de 2012
Sólo nos falta una copa de Merlot
Mientras Legorreta muere
La catedral se derrumba
Concurren en Multi
Larisa y yo en Multi
Susana Reyes también
Olga también
Neto, Kabistán, Diandra
Lauri parte hacia México
Elena espera Iloveny
Así termina el año
la insigne poeta joven de este país tiene de libro de cabecera Peces en la Boca de Elena Salamanca
Cuando todos dejan el CC, el gran arquitecto muere
Colaboración de Elena Salamanca
Es el último día del año, amiga mía, querida, mi niña. Mientras muere Legorreta e imagino el cubo de azulejos de su tumba, los azulejos de Catedral caen al suelo cincelados y ni tus manos ni las de Mayra, ni las de Albertine, ni las de Carlo bastarán para atrapar todos los pedazos y rescatarlos.
Albertine me contó cómo le gritaron desde adentro de la iglesia cuando preguntó dónde estaban los escombros, me lo contó el último día del año, en un café de Multiplaza diseñada por Legorreta, donde minutos antes me sonrió Susana sentada a mi lado sin darnos cuenta, donde minutos vi que estaba Ernesto a unas mesas de distancia, cerca de la salida, cerca de la tarde rosa y naranja como Multiplaza. Ernesto inevitable como el tráfico, la delincuencia y la muerte.
La catedral se derrumba
Concurren en Multi
Larisa y yo en Multi
Susana Reyes también
Olga también
Neto, Kabistán, Diandra
Lauri parte hacia México
Elena espera Iloveny
Así termina el año
la insigne poeta joven de este país tiene de libro de cabecera Peces en la Boca de Elena Salamanca
Cuando todos dejan el CC, el gran arquitecto muere
Colaboración de Elena Salamanca
Es el último día del año, amiga mía, querida, mi niña. Mientras muere Legorreta e imagino el cubo de azulejos de su tumba, los azulejos de Catedral caen al suelo cincelados y ni tus manos ni las de Mayra, ni las de Albertine, ni las de Carlo bastarán para atrapar todos los pedazos y rescatarlos.
Albertine me contó cómo le gritaron desde adentro de la iglesia cuando preguntó dónde estaban los escombros, me lo contó el último día del año, en un café de Multiplaza diseñada por Legorreta, donde minutos antes me sonrió Susana sentada a mi lado sin darnos cuenta, donde minutos vi que estaba Ernesto a unas mesas de distancia, cerca de la salida, cerca de la tarde rosa y naranja como Multiplaza. Ernesto inevitable como el tráfico, la delincuencia y la muerte.
18 de febrero de 2012
Alejandro Guerra
El muchacho en la moto, tras el vidrio de la ventana trasera del taxi en Nicaragua. Viene. Nos sigue. Viene con nosotros, pero no. Alejandro sobre la moto. Camisa floreada o colorida. La luz de su moto se distorsiona en el vidrio entre nosotros y Alejandro, y se ve como una estrella. Iridiscencia. Alejandro sobre una estrella. Anime adaptado a la vida real y camisa floreada.
Veo un poema, lo reconozco en ese momento. En Nicaragua, en Centroamérica y en el mundo sólo yo tengo esta vista. Mis amigas lo ven desde otros ángulos. Pero, desde aquí, sólo yo veo a Alejandro
siempre,
y hoy lo veo en un poema
de una imagen
precisa.
Alejandro, la estrella, las flores y el casco
casi de juguete, y la moto
casi de juguete, y Alejandro
casi hombre,
un muchacho.
Veo un poema, lo reconozco en ese momento. En Nicaragua, en Centroamérica y en el mundo sólo yo tengo esta vista. Mis amigas lo ven desde otros ángulos. Pero, desde aquí, sólo yo veo a Alejandro
siempre,
y hoy lo veo en un poema
de una imagen
precisa.
Alejandro, la estrella, las flores y el casco
casi de juguete, y la moto
casi de juguete, y Alejandro
casi hombre,
un muchacho.
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lugares comunes:
"poesía" dicen,
amigos,
viajes
20 de enero de 2012
Calificativos II
Cowboy gay | Indie wayno | Sigularitarista | Pictoplástico | Sexyvillana | Hermano lejano | Urbano | Cheverista | Neo exótico | Progre | Warholeado o warjoliado | Sapluco | Amarerado | Verde | Gaytino | Agroturístico | No canónico | Acitronado | Breathariano | Peneano | Picasseado | Hippie facista | Barrococó | SciFi prisoner | Laramartiniana | Transgenderizado | Hippie gay | Renachentista | Hacktivista
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lugares comunes:
listas
13 de enero de 2012
Soy la mujer que se enamoró de mi papá
Camino y veo mi sombra en el suelo, figura fondo, gris oscuro sobre el gris brillante del pavimento. Hacia abajo en la calle, veo mi sombra alargada y el pelo oscilando, despuntando cerca del codo, contrastando con el oscilar pesado del brazo derecho. El pelo largo. Recuerdo describir a mi mamá a los amigos que no la conocen: todos. «Es yo con pelo largo» (yo tenía el pelo corto). Y, ahora, puedo medir mi pelo y competir o compararlo con el de mi mamá, con la mujer que no veo hace ocho años y, fantaseando sobre eso, me doy cuenta:
soy ella.
Soy la mujer que se enamoró de mi papá. Soy la mujer de la que se enamoró mi papá. Soy esa mujer, sin senos. Mi pecho lo cubre una camisa azul, manga larga, manga enrollada como la usa mi papá. Aparto la vista de mi sombra y la bajo hasta mi pecho. Esta camisa es de mi papá, de él; la visto porque no he lavado mi ropa que, ahora que lo pienso, cosiste en varias camisas que mi papá dejó de usar y, alguna vez, incluso, sus pantalones. Soy la imagen de mi papá caminando lejos de él, encontrándome con él hasta las noches, donde vivimos. Soy su olor. Soy ese hombre, sin calvicie ni ojos verdes.
Soy mi papá y mi mamá en una persona. Soy mi mamá y mi papá unidos. Soy mi papá y mi mamá teniendo sexo, tan juntos que no se sabe dónde termina uno y dónde comienza otro. Tan juntos ellos, hasta que yo muera. Tres años de sus vidas y algunos minutos de esos años existiendo conmigo, recreados constantemente en mis pasos, cuando duermo, cuando hablo con gente y las veo, cuando tomo agua y me siento, cuando me desvelo.
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lugares comunes:
hablar debilidades
31 de diciembre de 2011
30 de diciembre de 2011
Leer con desgano
Oh...
La nostalgia provocada al recordar la producción de dos mil siete de las bandas indie...
La existencia de gente que prefiere creer que fantasmas les jalan el pelo y no que es que se les queda trabado en paredes carrasposas o puertas oxidadas...
La novia solitaria en los jardines de la sala de recepciones...
Canciones dedicadas los primeros días de tener veinte años, que hablaban sobre golpes de la vida y sufrimientos que aún no se habían experimentado...
Oh. Style of Bone y la gráfica popular contemporánea salvadoreña (con minúsculas)...
El miedo a ver videos de chimpancés dementes, aislados en cápsulas blancas desde su nacimiento...
Alguien con quien compartir los sugar rushes...
El momento esperado, soñado, en que alguien nos hace una pregunta de fan y contestamos no sin antes agarrar una bocanada de aire que aumenta en importancia lo que decimos...
Oh...
El mal actor frente a la cámara imaginaria que registra la Historia del Arte Salvadoreño (con mayúsculas).
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lugares comunes:
hablar debilidades
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