16 de octubre de 2009

Tengamos una fiesta como ésta


¿Qué dicen? Yo quiero un vestido como el de Anita Ekberg (la rubia chichuda).

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Escena de LA DOLCE VITA de Federico Fellini.

15 de octubre de 2009

Visita a mi madre

Estoy en Guatemala. La hora ha de ser entre la una y las cuatro de la tarde. Voy bajando por un camino arado en la ladera terrosa de donde me muevo. El Sol se cuela entre los árboles y me ilumina por secciones definidas verticalmente. El Sol me raya, parezco vestido de tigre dorado y mis ojos centellean al ritmo de mis pasos. El polvo se desprende de todos lados y a partir de mi cintura estalla en volutas color de mi piel. La tierra de este lugar es muy húmeda, café, casi roja. Me detengo.

Estoy ante una casa de madera oscura, ahumada y con voces que le manan. Un humo de verdad, gris, sale por un lado, violento. Pienso: "este humo es de verdad, no es de cuento". Sé que adentro vive mi madre: no hay duda de eso. Huele a su comida. El humo me irrita los ojos.

Mi mano se pierde en la puerta cuando quiero abrir. El color de la madera y de mi piel es el mismo. Empujo y siento la suavidad del movimiento de la puerta abierta, confiada, sin temores y amigable. Muchos hombres están sentados adentro en bancas, en bancos y en mesas. Todo es de madera. No hay manteles. Al fondo de la casa, mi mamá maneja cacerolas gigantes, ahumadas, de verdad, no de novela. Hacia ella me dirijo y mientras me acerco, mientras esquivo el humo y las voces, la voy viendo más joven. La saludo y ya tenemos la misma edad. Ella está delgada y no tiene la cicatriz de la frente. Su pelo sigue rizado y confirmo que así siempre ha sido. Me sonríe entre sus brazos que no paran, entre el golpeteo de cucharones contra ollas.

Me dice que ya tenía mucho de no llegar, que ha vivido cada día que no nos hemos visto y que tiene una amante. Su amante es igual de joven que nosotros y trabaja a su lado; la reconocí por la sonrisa que se le formó cuando mi mamá me contó de ella. La amante es morena y no tiene nombre, sólo dientes blancos adentro de una sonrisa. Siento que me quiere por cómo me mira y por cómo no me habla. Le digo a mi mamá que estoy contento por ella. No estoy feliz porque ya no la quiero tanto, pero sí estoy contento: es así. "Hemos hablado mucho" —me dice— "sentate en la ventana que siempre te ha gustado eso". Voy.

Voy hacia la ventana y me tropiezo con una muchacha perdida. Joven es; zarca y pelo liso: largo y castaño; morena. Evito la caída se aferra tres segundos a mis brazos. Noto que llora y no sé cómo preguntarle si está bien. Contesta mi mirada gritando insultos empapados en dolor hacia mi madre. Le dice: "puta, perra, maldita". La joven zarca es la otra amante de mi madre, con la que le es infiel a la callada, a la muda. Se arma un pleito de tres mujeres. Los hombres que comen no paran, les entra más hambre con el espectáculo. Nunca llegué a la ventana.

Sí llegué a la puerta trasera, la puerta de la salida que es de metal, no de madera. Afuera de la oscura casa, vi que aún era de día y respiré hondo, exhalando toda la sensación negativa de los problemas de mi mamá. Observé ese lado de la ladera donde mi mamá había incrustado su casa. Mis ojos competían con los rayos del Sol. Un pie comenzó mi camino hacia arriba y pensé: "he de estar en San Pedro La Laguna". Otro pie continuó mi rumbo y junto al otro definieron mi destino. Si recuerdo bien, arriba, a unos metros, venden zapatos artesanales. Espero tener dinero en mi bolsa. Revisaré más tarde. Espero comprar dos pares de zapatos y seguir, seguir hacia arriba, subiendo este cerro y perderme en la bruma. Llegar a la noche.

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Nueva etiqueta para intentar contar lo que sueño.

14 de octubre de 2009

No me lea / No me muero

No soy su escritor favorito. No me importa si piensa que no digo nada nuevo. Si dijera cosas nuevas, tendría que inventar todas las palabras y usted no entendería nada. No soy su escritor. Puede que ni lo sea. No intento agradarle a usted. Puede dejar de leer en este momento. Puede dejar de seguirme anónimamente o seguirme públicamente sin cobardía, cobarde. No me pida nada, ni trate de sugerirme algo. Así no funciono y eso siempre lo he sabido. Cómo se nota que no me conoce. Dice que ahora cualquiera es poeta. Yo no lo creo porque usted no lo es, ni lo será: lo juro. Usted supone muchas cosas mías, malas todas, y las da por sentadas sólo porque usted "sabe cómo es la gente". Genio, ya le veo ganando el primer Nobel de telepatía. Será el día en que le bese el culo, amigx, literalmente. No soy su escritor favorito. No quiero agradarle. Que tengo necesidad de atención, critica. ¡Claro!, por algo escribo. Todo el que escribe y hace públicas sus cosas necesita atención. Eso lo tenemos en común. Decir lo contrario sería hipocresía. ¿Que tengo delirios de grandeza y me creo superior? Depende. A su lado sí. Es obvio. Guillermo Gallegos se podría sentir de la misma manera a su lado. Dice que yo le caigo mal a usted —a vos—, pero no deja de leerme. Parecería, al contrario, que le gusto mucho para gastar, si quiera, un segundo en mí. Realmente, ¿qué se cree?, ¿piensa que tengo que escribir palabras dedicadas a su paladar arruinado? Tome, mejor, un consejo, amigx: No me lea. Lea sus libros de siempre. Métale la nariz a Cortázar. Él ya no le puede decepcionar, ya murió. Ya no corre el riesgo de que escriba un libro que no le guste. Ya los escribió todos. Léalo. Devóreselo. "Emúlelo": Cópielo.


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Para nadie en específico.
Por unas cuantas personas.

13 de octubre de 2009

Al pueblo salvadoreño


Comencé a escribir tres entradas diferentes (mentiras, sólo una) y las borré todas.
Así soy yo. Ya nos estamos conociendo bien.

Por su comprensión, gracias.

12 de octubre de 2009

Ojalá nunca llegue la mañana


La mañana es molesta. Aunque alguien opine lo contrario, lo es. Tiene mucha luz, mucho Sol. Cuando llueve, tiene mucha lluvia y muchísimos bostezos. Gracias, Zeus y Krishna, porque tengo clases en la mañana —cuando no las suspenden como en esta semana—, si no, dormiría toda la mañana hasta que se hiciera medio día y el Sol disparara su calor directamente hasta el techo de mi cuarto.

La tarde es aceptable, sobre todo después de las cuatro, cuando el Sol va perdiendo fuerza, va opacándose y opacando todo lo que me rodea. Mis amigos se opacan, las calles negras ya no brillan, los árboles se opacan, los girasoles se duermen.

Es en la tarde que he visto los colores más hermosos de la naturaleza. Despidiéndose, el Sol pinta las nubes de dorado, anaranjado, casi morado. Y las nubes se me presentan como otras cosas, como si no fueran nubes y se vuelven más grandes que una ballena: son ballenas de colores flotando lentamente en el mar del cielo, sobre los hombres que no las percibimos, sobre los edificios.

Agarrada de las colas de las ballenas, lenta, llega la noche, un poco pálida al inicio. Mientras más estrellas le brotan va llenándose de fuerza y llega una hora en que se vuelve la cosa más negra del mundo. Es en este instante donde me siento mejor, donde puedo disfrutar del silencio que se me niega de día.

Me desplazo de un lado al otro de la casa de noche. Mi papá está dormido. Es en este momento donde puedo sacar mis poemas más secretos y pensar, desarrollar ideas a realizar en veinte años, en quince días, mañana. Es en la noche donde puedo quedarme quieto dentro de mi pelo y ver las sombras que crean la luz del televisor y del monitor de la computadora sobre los sillones, las mesas, la ropa tirada, las telarañas.

Luego de las doce, la noche cambia de nombre y se vuelve madrugada. Afuera de mi casa matan a la gente, los indigentes se mueren y los perros, también. Yo escucho las sirenas, a veces, gritos; yo he aprendido a que eso no me altere y lo tomo como si algo cotidiano fuera, porque lo es. Casi a las dos —a veces a las cuatro—, me comienzan a pesar los párpados porque estar a treinta centímetros de un monitor cansa. Es entonces cuando me voy a la cama, me envuelvo entre la sábana. Ojalá nunca llegue la mañana.

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Trampa. Esta entrada es de uno de mis blogs archivado. Pero es que mucho hace calor y quería dejar testimonio de mi amor por la noche y por Diamanda Galás aquí. Imagen grencha.

11 de octubre de 2009

Recuerdo / Tarde / Él

"Me dijo que..." —y comenzó a besarme—" ... le mandara mi correo". Estas últimas palabras las dije con sus labios moviéndose sobre los míos que aún no se integraban al beso. En la última frase de mi historia irrelevante estaba cuando sus ojos se entrecerraron y se acercaron sus labios. Torpe yo, prefiero terminar mis frases a comenzar un beso. Él me entiende, me conoce en ese aspecto, sabe que tiene que ser él el que tome la iniciativa (al menos la primera vez de cada vez que nos vemos). En esa temporada no iba a tener tiempo para reclamarme por qué no comencé a besarlo; entonces, tuvo que ser él el que me besó.

Es él quien me besa y yo, el que habla sobre su beso. Al terminar mi frase me le uno y, al rato, sonrío topado a sus labios, tanto que lo contagio. Me doy cuenta de lo que acaba de pasar, por eso sonrío; y él sonríe también, se ríe y al fin estamos juntos. Todos los minutos previos al beso estuvimos separados, pero ahora ya no; aquí estamos otra vez y ya somos quienes somos en verdad.

Lo llevo, de la mano, del sillón al cuarto, a la cama y nos acostamos. Todo es blanco. Al fin, otra vez, tan cerca. Él se excusa innecesariamente por no llevar ropa interior y yo le digo que es la cosa que menos me molesta en el mundo. Sonreímos, nos reímos. Cuando estoy con él río de verdad, sin necesidad de chistes ni de programas de comedia. Me pone feliz. Sólo puedo reír. Pendejo. Me revuelca por la cama hasta que nos sentamos frente a frente con las piernas entrelazadas. Encima de nosotros, la sábana forma un capullo donde quisiera vivir con él varios años, hasta que uno de los dos se muriera. Envueltos, frente a frente, en la sábana, mis ojos se ponen más claros y los veo reflejados en los ojos claros de él. Podría orinarme de felicidad, podría secuestrarlo; morir en ese momento manteniendo eternamente su recuerdo o decirle lo que nunca le he dicho: lo que siento por él.

Sus manos son pequeñas —lo hemos comentado—, siguen acariciándome y noto que se ha fijado en algo. Siento sus dedos en mi cabeza y me dice: "tenés el pelo más largo de todas las personas con las que he estado, incluso las mujeres". Nos da risa. Yo estoy feliz. Aún es tarde. Saldremos de la cama en la noche.

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Cosas que recuerda uno.

10 de octubre de 2009

La mejor voz que he escuchado

Le siguen Cecilia Bartoli y Björk en segundo y tercer lugar, respectivamente.
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Por hoy, solamente.

9 de octubre de 2009

I Premio de Arte Contemporáneo "Nadie" (PREARCON)

Pieza # 1 - Mención honorífica
HOSTIA MESOAMERICANA
Arte objeto
Una tortilla ocupando el lugar de la hostia en el Santísimo Sacramento como fiel representación del sincretismo surgido de nuestras tradiciones y costumbres indígenas, de lo nuestro, con lo impuesto por el yugo español. La tortilla: la verdadera hostia: transgredida por el cristianismo impuesto. La tortilla: nuestro verdadero centro de vida, no así el cuerpo y la sangre, sino el maíz.


Pieza # 2 - 2do lugar
OWN IDENTITY
Performance
Los ejecutantes (un hombre y una mujer) bailan El Barreño con la típica coreografía; vestidos con jeans flojos, lentes oscuros, camisetas de equipos deportivos de los Estados Unidos de América, pañoletas y demás accesorios que evoquen la cultura del reggaetón. Un fuerte y agudo cuestionamiento a los conceptos básicos de identidad.

Pieza # 3 - 1er lugar
RECETA PARA HACER UN SALVADOREÑO
Arte objeto
Un churrito marca Diana pegado con pegamento Resistol a una moneda de veinticinco centavos de dólar conocida en El Salvador como "cora". El churro representa la primera comida del niño, el alimento que le ayuda a crecer, a forjarce -desde el churro- en una sociedad como esta. El Resistol representa la escuela, la manualidad, la mala educación del así mal llamado sistema educativo, el adoctrinamiento al que es sometida la parte de la sociedad menos provilegiada. La "cora" representa el alimento futuro-presente de ese niño que ha venido desenvolviéndose (desde su interioridad) en un ambiente hostil, su necesidad de superviviencia, su instinto.

Pieza # 4 - 3er lugar
FASHION GERIATRÌA
Fotografía digital
Retratos de ancianos de un Hogar de ANcianos con ropa superpuesta de moda, juvenil, de las tiendas Zara, Bershka y Pul and BEar, esperando a ser atendidos por un médico. ¿Qué vida llevaremos cuando alcancemos la mayoría de edad? ¿qué de nuestra juventud arrastraremos para siempre hasta nuestra vejez? ¿cuanta juventud queda aún en nuestros adultos mayores? ¿como los ha afectado el mundo del presente?

...

Pieza # 86 - Último lugar de las que no obtuvieron nada
SIN TÍTULO
Este... ¿cómo es que se llama este formato?... ah sí: dibujo
Tinta sobre papel. Creación descomprometida. Mera búsqueda estética sin contenido social.

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Errores e incoherencias dejadas a propósito para una representación más fiel.
*Con aportes de la Huelvelena.

8 de octubre de 2009

Lo que es jueves

De no ser por la fecha, hoy sería año nuevo. De no ser por mi edad, este sería el primer día de clases del colegio. El Sol en la mañana. El viento algo helado, intensificado por la velocidad del bus. Voy tarde a la universidad porque la primera clase es para que el catedrático parafrasee los folletos de los que vienen los exámenes y para que responda preguntas como "¿qué es metodología?". Este ciclo no me gusta. Gracias, Krishna: al fin comenzaré a escribir en la clase de Redacción. Sólo dios sabe cuánto he ansiado ese día. Me emociona la idea de armar un pequeño periódico en la clase y salir a reportear, como si fuera verdad. Termino de leer la HISTORIA DEL OJO en la cafetería. El poder de atracción del libro es tal que no importa cuánto griten (porque no hablan) de fútbol, de la Semana del Comunicador y de Shakira. No tengo palabras para definir mis emociones por el libro. No las tuve, ni las tengo. Me dejó silencio. Antes el jueves era mi día favorito. Caminamos hacia el café (porque tengo una amiga y caminamos). La Rebe anda un vestido largo. Al rato llega Miguel y hablamos. Nunca lo he visto tan sin barba. Mis dibujos se desenrollan en sus papeles, se caen de la mesa, se muestran porque yo los muestro y son ellos la razón de estar ahí. Quién fuera dibujo. Estoy apagado al inicio, lo noto. Georges Bataille me dejó silencio. Sólo puedo contar cómo me siento yo porque sólo mis pensamientos conozco. De la Rebe y de Miguel sólo conozco sus palabras. De toda la gente que conozco, sólo conozco sus palabras. Trato de aclarar mis ideas y se me amontonan tanto que la mayoría se asfixian y mueren, jamás llegan a mi boca. Los planes están en medio de todos, las proyecciones, las ideas (buenas y malas). El futuro se ve venir soleado y con viento desde el café, agradable, como hoy que no es año nuevo pero se siente que algo comienza.
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Dibujo: Hans Bellmer. Para la HISTORIA DEL OJO de Georges Bataille.

7 de octubre de 2009

Veinticuatro años

Colmado de agasajos celebró su natalicio.







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En El Arco de por la UCA. Grencho.