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11 de diciembre de 2010

Madrugada

No había dormido en toda la noche, estaba acostado en el espacio libre que dejan las cosas amontonadas en mi cama, cuando estornudé una y seis veces (porque no puedo estornudar nunca sólo una) y vi, al parar, una página blanca doblada, colocada en un ángulo en el que las gotas de saliva que le cayeron encima reflejaban la luz del foco y la imagen se me hizo tan linda que la tuve que escribir para poder seguir leyendo tranquilo A streetcar named Desire y luego dormir.
Marlon Brando como Stanley Kowalsky

21 de octubre de 2010

Notas en la agenda dejada a medio usar

Me gusta cuando la gente se olvida que está en lugares públicos y hace ruidos raros.
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Eructo sabor a vómito | La Cantata del Café | 17 de mayo de 2010
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Amor como de alacranes
(vos tan extraño como siempre
que deberías ser «usted»)
*Jacinta Escudos
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REGISTRO DE MOMENTOS DE ANSIEDAD
• Miércoles | Abril 28 | 9:30 p.m. || Pensar en _________ y que le quiero decir que ________ | 5 minutos.
• Martes | Mayo 4 | 1:59 p.m. || Que mis amigos me digan «vos deberías salir con alguien porque andás "con la regla" estos días» | 10 minutos.
• Sábado | Mayo 15 | 2:20 p.m. || Tener que caminar tres cuadras en el centro para abordar otro bus | 5 minutos.
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¿Un bus es un lugar?
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«Trascender»
*Ernesto Bautista
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Camino por la orilla del lago calmado. Medio cuerpo en el agua, medio cuerpo afuera. HORIZONTAL. Media boca mojada, media espalda. Caminar en la orilla del lago y girarlo con los pies. Ver pasar las lanchas sobre la cabeza. Esquivar los muelles y las casas.
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«Socítico»
*Simón Vega
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Te cuento:
Acá venden un pan con ajo barato. Cinco panes dispuestos de tal manera que evoquen una flor. Pobre. Una tirita de un queso blanco los salva de verse paupérrimos. Un sobrecito de sal, al lado, pretende algo, lo mismo que la servilleta húmeda sobre el plato, bajo los panes.
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CONTEXTO•INICIO•DANZA DE LA BONITA FEA POR DECISIÓN PROPIA•CINCO AMIGOS SIEMPRE SE AMARÁN (CON IRONÍA)•DIÁLOGO CORTO LARGO ENTRE APRENDIZ Y TUTOR•FLASHFORWARD
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Madre
Madre
me dice que le diga bello
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21 de julio de 2010

E_ _ _ _ _,


Soy cerote. Esto te doy. Esto. Este espacio en el ciberespacio. Estas líneas. Este blanco, este negro. Este espacio que ocupa esta entrada en este sitio. El alto de cuánto mide en pixeles. Esto te doy. Sólo esto tengo. Es tuyo, lo declaro. Y si alguien más viene y lo lee, son tuyas las palabras que pronuncie, en su mente o con su voz, ese alguien que venga y lo lea. Son tuyas las opiniones que cualquiera pueda tener respecto a esto. Esto te doy. Mi voz en estas palabras si alguna vez lo leo en público. La página donde escribí la primera versión y la tinta del lapicero. Te doy a las personas que lean esto desde que lo publique hasta que el tiempo mate nuestra lengua. Te doy las posibles traducciones de esto. Te doy el esfuerzo que algún investigador haga por descifrar el mensaje perdido de esta lengua en el futuro más lejano. Este pensamiento y este momento en el que escribo son tuyos. Aquí estoy de cuclillas y escribiendo en la orilla de mi cama con la edad que tengo y todo el bagaje cultural que me condicionan a escribir esto así. La voz del presentador de noticias a lo lejos. Los sonidos de mi papá cenando… Te doy las pausas que hago para pensar qué regalarte. Esto te doy. No tengo más. Nadie lo podrá tener más que vos. Abro este momento, dentro del tiempo, para vos. Es tuyo. _ _ _ _ _ _ _. _ _ _.
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Soy cerote y culero.

13 de mayo de 2010

Fin

Se encontraron un día, los dos. Se dijeron que estaban enamorados el uno del otro y la sonrisa y la felicidad no podía ser más grande. Entre los árboles, entre las gentes, entre dos etapas de la vida y entre el cielo y la grama: los dos. Frente a frente y de ojos a ojos. De las manos, se acercaron y pusieron los pechos cerca, y las rodillas, y la sensación de los penes dentro de la ropa cerca, y los labios. Al suelo cayeron sin poder resistir. La grama los recibió con el color que tiene y su olor. Rodaron, ridículos, ridículas, como si los filmaran para algún comercial de algo. || Uno los detuvo a los dos. Uno quedó encima del otro, abrazándolo con las piernas. Le dijo: creo que podría llegar a necesitarte todos los días desde hoy en adelante. El otro sonrió demasiado y se escapó de las piernas que le apretaban las costillas y corrió perseguido. Uno se aventó sobre el muchacho hermoso que le huía dentro de un juego, tirándolo al suelo entre carcajadas y respiraciones fuertes. El muchacho cayó con la nuca sobre una piedra y se murió [sonido de botella quebrándose].
Foto -que no tiene nada que ver- de Ben Toms.

17 de abril de 2010

Enredo / 15 años y maricón

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Cabal: ésto lo escribí a los 15 años (risas pregrabadas que salen en EL CHAVO DEL OCHO).

6 de abril de 2010

Carta de amor

Carta de amor escrita por una joven de la tribu siberiana de los yukaguires. La flecha de la derecha representa a la joven, la de la izquierda al enamorado. La figura que encierra la flecha representa la casa. De la casa del enamorado sólo se ve el techo, lo que indica su lejanía. La de la joven posee vigas entrecruzadas que expresan su tristeza.
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Tomado de LA SEMIOLOGÍA de Pierre Guiraud (folleto de la u, pues).
Carta transcrita por mí. Va a disculpar mi letra pateada en yukaguir.

5 de abril de 2010

Manuscrito

Yo no escribo para nadie. Yo no escribo para alguien. Yo no escribo para Nadie.
Yo escribo por alguien.

31 de marzo de 2010

Racional

Éste es mi performance. Dos puntos. Dormir a lo ancho de la cama con los pies colgando. Ésta es mi instalación. Dos puntos. Servilleta rota amarrada a una pajilla incrustada en un vaso de durapax sobre un plato desechable. Ésta es mi intervención. Dos puntos. Yo dejando mis huellas por San Salvador. Éste es mi arte objeto. Dos puntos. Mi tenedor favorito, conmigo desde la infancia, lamido incontables veces por mí. Éste es mi arte digital. Dos puntos. Tu foto en Mis Imágenes. Ésta es mi escultura... Éste es mi dibujo... Éste es mi Guggenheim.
Bonito el Guggenheim Museum

30 de marzo de 2010

Segundo sueño

El centro comercial, uno que no existe, bajo mis pies y al rededor y sobre mí. El tiempo traspasándome y la espera. No tan tarde, un poco noche. Un poco de frío sin suéter. Aire acondicionado, seguramente. Una gran ventana deja ver la ciudad. Ha de ser día quince o treinta. Luces blancas que vienen en hileras por las calles. Luces rojas que van. Todas lentas. El tráfico se ve insoportable. El tiempo y la espera siguen. 
Aparecés 
y yo no sé si darte la mano o abrazarte. 
Pendejo.
Foto tomada de mipaisacolores y modificada por mí. 

22 de marzo de 2010

Caer

La Promenade (1875) - Claude Monet
Cómo las letras de tu nombre tienen colores ahora. Cómo cambia el clima justo ahora. Cómo me baño. Como cuentan los años desde Jesús, desde vos, yo cuento los días y cuento las estrellas y cuento cuánto han crecido ellas y cuánto te han dilatado la pupila. Cómo fuiste, una mañana, La Promenade de Monet pero sin sombrilla y sin vestido y sin niño al lado, sin grama que cubra tus pies, ni cielo amplio de fondo. Cómo fuiste, una mañana, La Promenade de Monet en alta definición mientras me saludabas y yo te respondía y al siguiente segundo hundía mi cara en mi libro de turno para seguirte viendo fijo, como cuadro, en cada letra impresa, puesta en ese orden por Mérimée. Cómo caminás. Como caminás, yo camino también porque si te detuvieras, yo pararía inevitablemente, torpemente. Y cómo estás ahí. Puedo contar los metros y los elementos y las personas que están entre vos y vos, vos que sos yo en otro cuerpo, con otra voz con las mismas palabras y las mismas intenciones, casi, quizás, ni sé. Cómo estoy aquí, guiado por mi nariz llorosa, que gotea lo que mis ojos no pueden porque aún no es tiempo ni de llorar, ni de sonreír mucho, mucho menos de carcajearse porque aún no es tiempo de dejarme, de permitirme y perdonarme decirte las palabras tan sencillas, poderosamente terribles, causantes de hemorragias cerebrales y otro número igual de sinónimos ridículos que sólo pueden insinuar lo mínimo que en mi garganta se siente como vómito que asoma pero que no existe porque, pues, siempre es temprano cuando te veo y no he desayunado la mayoría de las veces porque, vos sabés, el tiempo es corto para uno que es así, así de mal organizado. Como recuerdo tus uñas y no sé por qué, imagino que un día te digo que no busqués más un cortaúñas y te agarro la mano extraña y te arranco el excedente con mis dientes y en mi mano pongo la media luna diminuta que no es más que una imagen poética horrenda pero que, por ser tu uña, vale verga y se vuelve un tesoro todo: tu dedo, mi saliva en tu dedo, tu uña en mi mano, el nuevo recuerdo imborrable de tu dedo en mi boca y la hora, el día y la fecha de ese momento que ni existe y ni existirá. Cómo recuerdo tus uñas.   

17 de marzo de 2010

Nombre de tres sílabas

Todos deberían morirse al aparecer frente a mí.

Sos el único que puede aparecer.

Me entristezco la tarde
de ver que no te quiero tanto
ni te amo, por suspuesto,
porque la fuerza de lo que siento no basta
para jalar el piso, las aceras,
las calles y jardines,
las casas y las gentes;
hasta tenerte frente a mí
caminando incomparablemente lindo
con tu pelo negro sobre tu cara
y tus cejas negras sobre tus ojos,
sobre cada uno de ellos,
claros,
que me encuentran, por casualidad,
sucio,
al lado
de la montaña más grande de cosas y, vulnerable,
completamente destruible.

Podría llamarse Después

Desde que te despediste
simple,
te estás yendo en la profundidad de la página amarillenta de mi libro,
cubierto de líneas negras de letras,
horizontales,
que a cada paso tuyo
se vuelven un grado más borrosas
porque es tu espalda la que enfoco
desde estas coordenadas donde me he quedado
paralizado,
incrustado en la calidez espesa del verano
con un libro en la mano
y nada en la otra
donde aún se recrea
el ritmo de tu mano
que late y lo percibo
porque tu sangre bombea,
te pinta rojo de adentro
y te vuelve rosadas las palmas;

te irriga el cerebro
y yo, en secreto,
lo beso.

Inicio enésimo

Te toco.

Repinto las letras que te escribo.

Tu ojo
es perfectamente descriptible.

Estás aquí
cerca.
La sala es enorme y helada.
Los libros huelen a viejo porque lo están.

Me descubro la nuca
corriéndome el pelo
y, por coincidencia, en ese momento pienso
que te seguiría por siempre,
te esperaría
respirando aire acondicionado
como si fuera tu aliento
libre de pasta dental y cálido,
con olores pertinentes a una boca:
un aliento verde,
del mismo verde
que tu camisa.

16 de marzo de 2010

Moriré*

Estás tan joven
y sabés que voy a morir.

Aún así,
seguís envuelto en mi sábana
en nuestra cama
y por cada pestañeo,
por cada parpadeo tuyo, mientras me ves,
me aferro un minuto más
a seguir vivo.

Cuando te durmás
y cerrés los ojos siete horas,
moriré cada segundo más,
cada segundo que tengás los ojos cerrados.
Y si soñás moriré el doble,
y si soñás conmigo no pasará nada;
pero en la mañana,
cuando dos soles floten en tus ojos
y tu erección matutina irrumpa en el horizonte de la cama,
habré muerto por entero
—1.65 metros muerto—
y tendré razón
porque ya te había dicho que moriría
y por eso era que vos llevabas varias noches sin dormir.

Basta.

Estás tan joven que sobrevivirás.
Al ponerme sobre tu pecho desnudo a oír tu corazón,
me di cuenta de eso y no te lo dije;
sólo te besé el pezón izquierdo con los labios cerrados,
relajados y en silencio,
y me comencé a rendir
a un ritmo tan acelerado que me he vencido en varias noches.

Pero vos y yo,
sólo los dos, sabemos
con teorías que lo sustentan, a la fecha,
que no es reprochable dejarse morir.

Poné tu pecho cerca ahora
y dejá que te escuche el miércoles pronosticado dentro.
Hoy es martes.
Tus manos reconfortan mi cara y sólo verte, también.
Alterná un ojo en cada parpadeo,
así me muero más lento.
Quedémonos dentro de mis sábanas
mis últimas horas aquí
cerca.

Lo hemos aceptado.
Estoy tan viejo.
















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*Título decidido al oír MORIRÉ de La Factoría en el bus.
El texto no tiene nada que ver con la canción... casi nada.
Sólo yo sé qué es esta imagen.

10 de marzo de 2010

Aula Magna VI

Te quiero contar que donde estoy hay dos ventanas bien grandes, no tienen vidrios, no son cuadradas; son como bien aerodinámicas y lo que dejan ver (y por cómo lo dejan ver) parece cuadros bellísimos que te gustarían si estuvieras acá. Si veo a la izquierda, está el cielo, el cielo blanco de esta mañana y, en primer plano, hasta abajo, las hojas de unos arbustos que no sé de dónde salen. Atrás de los arbustos, surgen personas a veces —muchachos, hoy—; se ve que se elevan y llegan a un nivel regular en menos de dos segundos y, luego, desaparecen y no sé qué pasa con ellos (te lo contaría). En medio de la composición, la figura principal es un enorme techo gris que ha de elevarse desde el suelo y lo aviva un poco la gruesa orilla celeste que creo que es un canal por donde pasa el agua que llueve. 
Podrías tomar una buena foto.
Muevo el cuello, lo giro. Evito al señor que parece predicar al centro.
En la ventana derecha, el cuadro es muy diferente. Del extremo superior bajan las raíces de un árbol y se meten en la tierra (forrada de grama —entre verde y amarilla—) que parece una montaña en miniatura. Al extremo izquierdo se ve la terminación de un muro bajo de bloques de cemento, sobre el cual hay otros arbustos, detrás de los cuales se ven medios cuerpos humanos caminando inexpresivos. El fondo de eso —que bien podría ser el blanco cielo— es un edificio que empequeñece a los peatones y que irrumpe, recto y sólido, en el cuadro muy orgánico que hubiera podido haber. 
Podrías tomar una buena foto de ésto. 
Podrías aparecer caminando por una u otra ventana. De ser así, podría escaparme de esta clase y perseguirte... quizás hablarte.
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Creo que la foto (modificada por mí con claras malas intenciones) es de 20andres07 de skyscrapercity.

26 de febrero de 2010

Muchachos del siglo XIX



     


Benito Mussolini pensaba que ésto es pornografía y mandó a quemar más de 2,500 imágenes de las 3,000 (aproximadamente) que había tomado Wilhelm von Gloeden (1856-1931) cinco años después de la muerte del fotógrafo. ¿Usted qué piensa?
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Más fotos AQUÍ. Ah, y los muchachos también pueden ser de incios del siglo XX.

23 de febrero de 2010

14 de febrero de 2010

Monólogo


¿Aquí vivís? Te imaginaba menos caótico.
Qué fuerte rebota el eco entre las paredes, el piso y el metal del pasamanos. Cuánta confusión aquí. Casi ni debería estar yo. No tenés ni un mueble, qué raro. Y, aunque quisieras tenerlos, estas esculturas metálicas enormes no lo permitirían porque ocupan demasiado espacio y las estás pintando. Ok, sólo alquilás esta cochera; pero, ¿no te incomoda que el dueño de la casa se asome en bata por las ventanas? Y ella, ¿por qué sólo pasa drogada? Ya no sé si es que me ha caído bien porque no sé si es a ella a quien he conocido o a algún personaje que se apodera de ella cuando se droga. Aún no la he visto sobria. Pues sí, admito que yo también tengo ropa tirada en mi cuarto, pero no duermo sobre ella. ¿No les incomoda dormir sobre la ropa sucia, debajo de la escalera? ¿No te molesta que se te metan los botones de los jeans en las costillas? Claro, uno a todo se acostumbra... Mirá, ya se está despertando ella. Ahora entiendo por qué le vi esas marcas de costuras en la cara cuando me la presentaste. Estoy seguro que ella fue la que te introdujo a esta vida y te gustó, como gusto adquirido. Bueno, si no querés que me escuche decir estas cosas, no me hubieras traído. Ahora ya es tarde como para pretender echarme. Ni te atreverías. Mejor vamos a comer. Cuando ella se despierta es porque tiene hambre, me has contado. Y sí, podemos comer en el cine. Quiero conocer ese cine y con tal de estar con vos, puedo comerme esos nachos horribles y aguantar las preguntas de ella sobre la película. Decile que se vista, al menos. Los voy a esperar afuera, quiero ver el atardecer y tal vez me calmo un poco. Estar aquí es demasiado para mí. Tené en cuenta que estoy durmiendo en el suelo, un hombre en bata asoma a verme a cada rato, ella no para de drogarse y de dormir y, encima, estás vos. Todo lo demás me sobra, ¿sabés? Yo estoy aquí sólo por vos. Todo lo demás sólo lo soporto
por vos.
Los espero.

¡HOLA! ¿CÓMO DORMISTE?... ¡QUÉ BUENO!... Sinceramente, no sé cómo hacés para comunicarte con ella. Ni oye cuando anda así. Te iba a decir que no me trajeras mi suéter porque me gusta sentir este clima, pero ya veo que no lo trajiste. Desconsiderado. No sé si me gusta que aquí los buses no tengan paradas establecidas. Se me hace muy autóctono y, a la vez, un desvergue. Lo que sí no me gusta es que no paren del todo. Me enoja salir corriendo al lado del bus, esperando que baje a la velocidad perfecta para brincar sobre él y no caerme. Pero como a vos todo te maravilla, te encanta eso. No creás. Sí puedo ver las cosas como vos las ves, por eso es que andamos caminando juntos hoy ¿o no?. Pero aceptá que es peligroso, _ _ _ _ _. Al menos mi abuela no vive aquí. De todas maneras, lo único que quiero es estar con vos y por eso puedo exponerme a morir atropellado, a la mirada diaria de un pervertido en bata, al mal aliento de ella y al frío del suelo. No te preocupés que ni nos va oyendo. En serio, creo que no te ama; al menos ya no. Y vos ya no la amás, tampoco; pero te da culpa dejarla así: tan frágil. Si decís estar agradecido con ella, lo menos que podés hacer es serle sincero. Pero esa es mi opinión, demasiado sesgada (como ya lo sabemos); igual, no te la puedo ocultar. Mirala. Me pregunto de qué se irá riendo ahora. Quizás sí nos va poniendo atención y no se atreve a enfrentarnos. SI NOS ESTÁS OYENDO, NO TE PREOCUPÉS. NO TE QUEREMOS HACER DAÑO. SÉ QUE NO ME VAS A RESPONDER, PERO QUIERO QUE SEPÁS QUE NO TENGO NADA EN TU CONTRA; AL CONTRARIO, ME PREOCUPÁS... Pobre. Me parte el corazón. Sos demasiado bueno. Creo. Yo no sé cómo soy.
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Fotografía de Guy Bourdin. Modificada vilmente por mí.

1 de febrero de 2010

Special feature: Final alternativo

Mientras Aschenbach moría en su silla, ridículo bajo el sol; Tadzio, metido en el agua hasta las rodillas, lo veía derretirse, deformarse y quedar ahí, asoleado, cadáver.
El niño no humano, quitó su mano de la cintura y ni suspiró. Vio la muerte, sintió asco de su belleza y su cuerpo ante la vista de las gentes. Tadzio, con el agua empezando a mojar sus nalgas, siguió avanzando, caminando sin detenerse, con paso firme en la arena, con paso firme en el agua quieta. Tadzio, con el agua hasta los pezones endurecidos, dio los pasos necesarios para sumergir las puntas de sus cabellos horriblemente rubios. La quijada en el agua. El mar entrándole por la boca. Las burbujas en su nariz sin besos. Tadzio ve la superficie del mar extenderse hacia el mundo desde sus ojos y no se detiene. Se sumerge lejos de todos los que quedan y que le sobraban. Unas burbujas delicadas son la última manifestación en su historia. Las mujeres en la playa se escandalizan y se asoman a ver el vulgar cadáver de Aschenbach. Los niños ríen entre gritos de juegos y celebraciones de haber visto un muerto.

Adiós, Tadzio. Dios existe y el amor es real.
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Qué maricón se ha puesto este blog. Final que imaginé de MUERTE EN VENECIA de Thomas Mann. En la imagen: Björn Andrésen. 
No sé quién tomó la foto. Tonta yo.