viernes, 30 de diciembre de 2011

Leer con desgano

Oh...

La nostalgia provocada al recordar la producción de dos mil siete de las bandas indie...

La existencia de gente que prefiere creer que fantasmas les jalan el pelo y no que es que se les queda trabado en paredes carrasposas o puertas oxidadas...

La novia solitaria en los jardines de la sala de recepciones...

Canciones dedicadas los primeros días de tener veinte años, que hablaban sobre golpes de la vida y sufrimientos que aún no se habían experimentado...

Oh. Style of Bone y la gráfica popular contemporánea salvadoreña (con minúsculas)...

El miedo a ver videos de chimpancés dementes, aislados en cápsulas blancas desde su nacimiento...

Alguien con quien compartir los sugar rushes...

El momento esperado, soñado, en que alguien nos hace una pregunta de fan y contestamos no sin antes agarrar una bocanada de aire que aumenta en importancia lo que decimos...

Oh...

El mal actor frente a la cámara imaginaria que registra la Historia del Arte Salvadoreño (con mayúsculas).

martes, 27 de diciembre de 2011

Logos

A quien no interese:
Estos son todos los encabezados que ha tenido este blog desde su apertura hasta esta fecha.
El primero ostentaba la N del adolescente blog Ser Nadie. Se usó una semana o menos.

Este dio pie a que la mayoría del contenido fuera blanco y negro, a excepción del color verde.
Decisión que no puedo explicar.

Este duró un par de días por obvias razones: es horrible.

Sin temor al blanco y negro total. Periódico. Hecho en Paint.

Descubrimiento de sitios web donde bajar diversos tipos de fuente.

Tímida entrada del uso de la escala de grises.
Ahora que lo vuelvo a ver, podría identificar en él el inicio de la fijación actual con los triángulos.

Aquí culmina un largo camino entre Paint e InDesign.
Se utiliza la tipografía que contiene el resto del blog y ya no una fuente aleatoria bajada de a saber dónde.
Gracias por haber leído hasta aquí.
Busque oficio.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Escena en julio

Liberá, de pronto, el mar.

Que cruce;
que llegue, incluso, hasta aquí
y arene los pies que nos detienen,
y traiga peces que puedan
nadar entre el suelo y los tobillos
de los que estamos.

Acostate boca abajo.
Dos nos pararemos sobre tu espalda.
Y arriba tu nariz,
donde está el aire
salado.

Los peces y tu silueta, la arena.
El masaje entre tu espalda y nuestros pies.
Los límites del agua.
Mi pelo te sombrea una figura
ondulada.
El viento y sus corrientes,
las del agua.
Resaltá tus pantorrillas, pecho en el suelo.
Tus vellos negros marcan las corrientes,
tu edad.
Ausente el color azul.

Nos tomamos de las manos y temblamos,
con detalle hemos sentido tu espalda tensarse.
Él suda más que yo
y el sudor delinea su frente hasta sus labios y su boca y su saliva hasta su garganta.
Reconoce el sabor de la playa y del recuerdo.
Cambia a pálido.
Lo veo a los ojos y deduce el mensaje más obvio.
Titubea,
pero te dice:

«Liberá, de pronto, el mar.
Que cruce, que llegue
a tu boca;
que no la lave, que la llene,
que delinee tu cuerpo dentro y lo sale.»

Tres dimensiones de agua encerrada sin luz.
Llenado rápido. Explosión.
Así, ya,
tu espalda blanda es el lugar indicado, el adecuado,
donde sentarnos,
donde respirar;
donde saber que es el final
y reconocerlo.