jueves, 9 de diciembre de 2010

Estoy donde quería estar

Deforme 1
Vivo aquí, en San José, Costa Rica; respiro un aire frío, tengo la seguridad de que no encontraré vendedoras de pupusas en cada cuadra del centro. Me despierto por las mañanas (cosa rara), llevo la ropa a la lavandería que está a una cuadra y me desentiendo del asunto encontrando mucha paz en ese simple hecho. Compro pan: es dulce y salado. Me pongo, en el apartamento, entre la ventana que da a la calle y la cortina, y me veo reflejado en el polarizado de las ventanas que dan a la calle del edificio de enfrente. Pasa el tren y pita; irrumpe entre la tranquilidad de la zona universitaria. Tomo café, veo por la ventana. Vivo en un segundo piso y veo, por la ventana, que la gente pasa a estudiar, a trabajar, a dejar la ropa a la lavandería, hacia la panadería, para la universidad, a ver al psiquiatra. Me baño, me tardo. Salgo a esperar el bus y llega. Me subo, pago, veo las caras, busco un asiento, me siento y veo hacia afuera: cómo cruzamos por el edificio ese, cómo pasamos frente a las artesanías rusas, al lado de los muebles esos, cerca de ese supermercado que cierra tarde y aquella pizzería que cierra demasiado temprano en domingos. Veo los rótulos, las diversas y pequeñas universidades; los estudiantes en ellas, tan poquitos que dan pena, pena ajena, sentados en una de las dos mesas con bancas que caben en el campus, con cajitas de herramientas, con carpetas negras rotuladas, con loncheras con comida, todas chiquitas, pequeñas como sus dueños, como las mismas universidades esas, tan diversas y pequeñas. Paso un centro comercial. Paso un café con terraza y vista hacia unos árboles de los que adivino los nombres. Paso banderas. Llego a la estación donde ahora sé que me tengo que bajar. Me bajo. Ya estoy donde quería estar. San José, Costa Rica. Atravieso parques lindos donde se prostituyen los hombres, calles con semáforos para ciegos, calles peatonales, librerías centenarias, teatros, cines. Me tengo que abrigar. Voy al cine, veo una película. El cine es un cine, huele a cine; no es un centro comercial con cine. La película me gusta, quizás más porque la veo en un cine y es domingo, y San José, y llueve lo suficientemente suave como para que sea agradable, como para caminar bajo la lluvia que no moja; bueno, sí, pero un poquito. Voy a cenar pizza porque es una Pizza Hut con techo rojo y forrada de madera, es una Pizza Hut de los 90. Entro. Percibo el olor de los 90, de mi infancia en los 90; infancia después de un cine de verdad a comer a Pizza Hut. Dos olores de la infancia en una tarde, casi noche, casi lloviendo, casi. 

6 comentarios:

miguelmolinatobar dijo...

Qué bonito.
Solamente sería.

Virginia dijo...

Suscribo.

manuel peña dijo...

que hariamos sin la nostalgia

Nadie dijo...

miguelmolinatobar, gracias. Solamente sería también.
Virginia, gracias. Solamente sería.
manuel peña, ajá. Solamente sería.

eduardo_chang dijo...

hasta hoy lo ví. ajá bonito que fue bonito. yo también feliz ese día.

Nadie dijo...

eduardo_chang, sí.